jueves, 10 de mayo de 2018

Gracias, Fariña

Imagen de elmundo.es


España es un país de rencillas. De desprecios, de envidias, de menosprecios; también lo es de otras muchas cosas, pero eso está ahí. Es un país de enfrentamientos entre pueblos: desde A Merca contra Rabal de Arriba, hasta Valladolid contra León, pasando por Íscar y Cuéllar o Vigo y A Coruña. Quizá sea internacional; en Finlandia escuché unos cuantos chistes de suecos y es un hecho que a un escocés no le duele lanzarle una pullita a un inglés.

Aunque el lugar común al que hoy en día van dirigidos los odios de gran parte de España sea Cataluña (Murcia para los chistes), lo cierto es que, como gallega, siempre me he sentido despreciada. Despreciada no sólo por las gentes de lugares más importantes en los presupuestos del país (he escuchado mucho eso de "las provincias"; me han dicho, un día que no había cobertura en Madrid, que debía de sentirme como en casa; y han alabado que no tuviera acento), sino por los presupuestos en sí, por los políticos a los que no les quitan el sueño nuestros incendios; y los medios de comunicación en los que ningún andaluz, canario o manchego (por poner ejemplos) debe disimular su acento, pero nosotros sí. Hasta 2014, el propio diccionario de la RAE daba a gallego los significados de tonto y tartamudo.

Las cuestiones que son meros chistes o que vienen de la ignorancia no me molestan; tengo la piel lo suficientemente gruesa como para que no me ofenda (ni exija la censura de) el humor. Pero lo poco que España reconoce y valora nuestra cultura distintiva, eso sí me duele. Que el acento gallego sea censurable me duele. Que la preservación de nuestra lengua importe menos que la enseñanza del inglés me duele. Que, estando a 43 grados en Ourense, digan en unos informativos que la máxima de España está en Alicante con 38 grados me duele. Que todo lo que se conoce de nosotros sean tópicos duele.

Y el hecho es que el propio narcotráfico es un tópico de gallegos. Sin embargo, si existe historia de narcos gallegos digna de ser contada, es ésta: real, trapalleira como nosotros, improbable, actual, que marcó generaciones y municipios enteros, que salpicó a las autoridades, a los políticos, a los vecinos que miraban hacia otro lado y a los jóvenes que se enganchaban a la fariña

Imagen de lne.es

Hay una razón por la que tantos gallegos hemos gozado a tope de esta serie y agradecemos tanto que se haya hecho, y va mucho más allá de la historia y de los hechos en sí.

Esta serie nos ha reivindicado. Ha reivindicado nuestro audiovisual de altísima calidad, a nuestros excelentes actores (¡han pasado TANTOS míticos por Fariña que es muy difícil enumerarlos a todos!), nuestra música excepcional, nuestros paisajes, nuestras costumbres. Sobre todo, nuestra lengua (nuestras lenguas), porque por primera vez pudimos escuchar tanto el acento gallego como muchísimas palabras y expresiones en gallego en una televisión nacional; y toda la serie está rodada en castrapo, que a fin de cuentas es igual de nuestro que el gallego en sí.
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Finalmente, Fariña, a través de la rocambolesca historia de los narcos de las Rías Baixas, ha transmitido de una forma muy verídica lo que somos los gallegos como pueblo: en lo bueno y, especialmente, en lo malo. 

Y esa representación es importantísima porque es extremadamente raro verla en un producto comercial dirigido al público español en general.


De Fariña me llevo el "cara de cona", esa secuencia impresionante de la primera descarga en la Ría de Arousa al ritmo de Galicia Caníbal, la reunión en pantalla de Morris y Ernesto Chao, a los inolvidables Charlines (todos ellos), la soberbia actuación de Carlos Blanco, esa fotografía maravillosa del faro de Corrubedo, el juicio surrealista del último episodio y los gritos de Pilar Charlín a las madres manifestantes: "¡Iros a hacer la comida, que os es mucha hora!". Me llevo a Javier Rey, me llevo el uso magistral de la canción de inicio, me llevo ese episodio en que todos los maridos se tienen que refugiar en Portugal y ellas demuestran quién tiene el control. Me llevo la magnífica caracterización e interpretación de Esther Lago por parte de Eva Fernánez. Me llevo el respeto puesto hacia todos los participantes reales de la historia: delincuentes y víctimas, a veces grises todos ellos. Me llevo ese cariño que se desprende de cada secuencia de la serie desde su primer momento. 



Gracias, Fariña. Ojalá crees escuela.

lunes, 30 de abril de 2018

Favoritos de marzo y abril

AVISO: ENTRADA LARGA.


Señores, la vida se me pasa cada vez más deprisa y en marzo olvidé escribir la entrada de Favoritos pertinente, por lo que me ha tocado juntar dos meses en los que hay bastante que contar.

No me entretengo y empiezo directamente:


SERIES

Imagen tomada de immediate.co.uk

-Peaky Blinders, Temporada 4. Esta es, sin duda, la serie que más me hace esperar entre una y otra temporada. Nunca se sabe exactamente cuándo volverá y de la tercera a la cuarta tuvo que transcurrir un año y medio. Lleva en mi vida desde el primer curso que pasé en Madrid, desde mis semanas piloto en Parla, y por ello le tengo un cariño muy especial. Aunque considero que, a nivel de personajes y de guión, la serie no es muy sorprendente y ya hace tiempo que anda en círculos, su grandeza reside en esas interpretaciones que son cada una una lección de actuación y en las escenas más tensas de la televisión actual. Esta cuarta temporada ha traído consigo el plato fuerte que es Adrien Brody haciendo de mafioso y, si bien su italiano es peor que el mío, la sola presencia de ese hombre en pantalla a mí me ha dado la vida. Amor eterno, siempre, por los Shelby: Tommy, la tía Polly, Ada (cada día más maravillosa) y mi predilecto: Arthur. De rodillas tendría que adorar a Alfie, que en medio minuto de presencia se merienda a todos los demás.

-Jessica Jones, Temporada 2. Es una temporada bastante diferente de la primera, sin un villano específico contra el que luchar y que se centra más en el desarrollo de los personajes. Da un cambio a mitad de la temporada y a mí me gustó más la primera parte; después se me alargó mucho y un par de personajes me resultaron infumables. Por lo demás, creo que es una temporada buena, que conocemos mejor a Jessica y a Trish y que se mantiene a la altura de la primera. Algunas cosas del final me chirriaron, pero bueno. Sí que me decepcionó un poco que Foggy Nelson no tuviera un papel en la serie, dado que salió de la última temporada de Daredevil empezando a trabajar para Hogarth.

-Orange Days. En este caso, se ha tratado de un revisionado (ya hace meses que os comento que me está costando mucho ver series nuevas). Desde que Japón obligó a mi amado Hiroki Narimiya a retirarse de la industria del entretenimiento, le echo de menos demasiado y me paso la vida volviendo a verle en los papeles que más me gustan de él. Recordaba vagamente Orange Days y con los años creo que la he apreciado más. Kou Shibasaki hace un papel espléndido como violinista que se queda sorda y debe enfrentarse a la vida desde la discapacidad; para mí, ella será siempre una de las personas más maravillosas que Japón ha dado. Es un dorama tierno, que habla de madurar y de convertirse en adulto (con todo lo que eso supone en el país nipón), de la amistad y de las relaciones. La pareja protagonista engancha desde el minuto uno y el personaje de Hiroki (en ciertas cosas similar al Morita de Honey and Clover) le da vidilla al asunto. La serie tiene sus cosas y el melodrama de los dos últimos capítulos me sobra, pero en general me alegro de haberme reencontrado con ella porque es muy bonita.

He estado viendo algunas otras cosas (supongo que Fariña aparecerá incluidísima en los Favoritos de mayo porque estoy IN LOVE FOREVER), pero nada que haya terminado. Que alguien me devuelva la paciencia para ver series.


PELÍCULAS

Imagen extraída de emol.org

He visto bastante cine estos meses, así que voy a citar tanto mis películas favoritas como las que me parecieron bastante MEH:

Pelis Meh:
Mansiones Verdes (1959), La Isla Mínima (2014) e Inmersión (2017). Me ENCANTAN los actores en todos los casos, pero las cintas me dejaron a medias.

Pelis Favs:

-A Esmorga (2014). Tenía pendiente la adaptación más sonada de la novela de Eduardo Blanco Amor (novela que, ¡sacrilegio!, aún no he leído) y me dejó sin palabras. Aun conociendo la historia y sus tintes, la ejecución de esta película me creó un nudo en el estómago desde el primer momento. La crónica de la decadencia de esos amigos que representan tan bien a los pobriños de los que hablaba mi abuela cuando era pequeña se vuelve especialmente dura gracias a la ambientación: las calles de piedra, las relaciones entre vecinos, los prostíbulos y las tabernas, el campo infinito. Mi ciudad, Ourense, tiene un papel principal en la cinta; sin restar en ningún caso importancia a las actuaciones excelsas de Morris, Miguel de Lira y Karra Elejalde. Es durísima, pero sensacional.

-Winter's Bone (2010). Como estoy tan a tope con el cine, me he suscrito a Filmin y me estoy dejando guiar bastante. Winter's Bone es una de las primeras películas que hizo Jennifer Lawrence y que cuenta la historia de una adolescente que debe hacerse cargo de su familia en circunstancias muy desfavorables. Sin ayuda, emprende una búsqueda para conservar su casa y no condenar a su madre y a sus hermanos pequeños. Aunque la cinta en sí no ofrece nada novedoso, la historia que cuenta emociona sin caer en el sentimentalismo barato y la interpretación de Jennifer es maravillosa.

-Bright Star (2009). Ésta es, sin duda, mi película favorita en lo que va de año. John Keats es uno de mis grandes poetas favoritos y su historia de amor con Fanny Brawne es retratada en esta cinta desde un costumbrismo que recuerda a las novelas de Jane Austen. Centrada más en Fanny (Abbie Cornish, estupenda) que en el poeta, nos adentra en el romance entre los dos personajes, profundamente marcado por el contexto en el que se dio: el del corsé de la sociedad victoriana, retratada con maestría. Fanny y John Keats (Ben Whishaw) se aman, pero su entorno les impide amarse y al final sobreviven a base de planes y deseos y ojalás. Es una cinta preciosa, romántica, que no ensalza la figura del escritor pero que no deja de lado su poesía, ya que a fin de cuentas ésta refleja bien quién era y qué sentía.
Fanny Brawne no siempre ha sido bien vista por la Historia y me ha gustado que la película nos la presentara como realmente era: resuelta, fuerte, viva.

-Yo, Olga Hepnarová (2016). Hace un año, me enamoré de Praga; es un amor que va a vivir en mí siempre y que espero seguir avivando. Cuando viajo a un sitio y dejo en él una parte de mí, siento la necesidad de conocerlo mejor y de adentrarme en sus historias, por lo que es evidente que tengo ganas de ver cine checo. En este caso, la película narra la historia real de una asesina en masa que atropelló en 1973 a un grupo de personas que circulaban por una calle del centro de la capital. Rodada en blanco y negro, resulta un poco fría pero hipnotiza por el poder interpretativo de su actriz protagonista, Michalina Olszanska, que se come cada segundo de pantalla y transmite a la perfección el carácter de un personaje marcado por traumas de la infancia, un entorno hostil y problemas mentales severos. El final, cuando por fin Olga nos habla (desde las cartas de la propia asesina real) de aquello que realmente la devora por dentro, cuando por fin se rompe, es devastador. La cinta contiene, además, cierta crítica a la sociedad y a la pena de muerte.

-Masaan (2015). Algún día de estos tocará escribir una tercera entrega para Una lanza por Bollywood (aquí las entradas 1 y 2), pero mientras tanto dejadme recomendar Masaan. Se trata de la historia muy sencilla de dos personajes que en principio no tienen relación entre ellos, pero que afrontan las consecuencias de una sociedad profundamente marcada por las clases sociales, la desigualdad en sus múltiples formas, normas morales estrictas y la corrupción de los grupos de poder. Todo arranca cuando Devi (Richa Chadda, magnífica) es sorprendida por la policía manteniendo relaciones sexuales con un compañero de la universidad; ahí empieza un círculo de extorsión que les cambiará la vida a ella y a su padre. Por otro lado, Deepak (Vicky Kaushal) malvive en la zona más pobre a las orillas del Ganges mientras intenta que sus estudios le den un futuro mejor. La película es muy sencilla y relata desgracias, pero lo hace sin caer en el melodrama y consigue que sus personajes nos importen y nos resulten reales. La banda sonora es preciosa y la fotografía y el guión me han recordado a otras cintas muy buenas, como Mumbai Diaries (2010) o The Lunchbox (2013).

-My Fair Lady (1964). Cuando le dejé caer a mi hermana que nunca había visto entera My Fair Lady, se llevó las manos a la cabeza: soy absolutamente fan de Audrey Hepburn, pero no había visto una de las películas que ella consideraba más memorables de la actriz. Total, que la he visto y es uno de los mejores papeles que Audrey ha hecho sin lugar a dudas. La cinta en sí es un musical muy inteligente que transforma el mito del Pigmalión en la historia de una chica pobre y analfabeta que pasa a ser educada para moverse en las altas esferas. Tiene algunas críticas porque, desde los estándares actuales, puede ser un poco machista; pero me parece interesante cómo le da la vuelta a la sociedad inglesa de clases y cómo la propia Eliza (Audrey) se empodera y exige que se la trate correctamente. Hay muchas canciones inolvidables y es genial en cuanto a toda la parte dialéctica (en realidad, la vi en castellano porque no tenía la original a mano y es de esas películas en las que el doblaje tiene muchísimo peso; me gustó bastante el trabajo que se hizo al adaptarla al español, pero luego corrí a ver muchas de sus escenas en inglés y es una maravilla).


LIBROS

Imagen tomada de amazon.com

Yo quería leer un libro en gallego al año y, al final, estoy leyendo casi más en gallego que en ningún otro idioma. Cosas de vivir en Mondoñedo y de volver a estar en mi tierra.

-Pioneiras. Galegas que abriron camiño, de Anaír Rodríguez y Nuria Díaz. Es un tomito muy fino, pero editado e ilustrado con gusto. Dirigido al público infantil, habla de algunas mujeres gallegas que hicieron historia y dieron primeros pasos. A varias de ellas no las conocía y me parece maravilloso que se reivindique a aquellas mujeres que hemos olvidado. Quizá me sobraron un poco algunos comentarios políticos de la autora, pero son mínimos. 

-El Clavo, de Pedro Antonio de Alarcón. Se trata de un cuento gótico con todos los elementos clásicos del género: ambientación exquisita, emociones voluptuosas, erotismo, intriga. La femme fatale que conecta los distintos sucesos de la historia se revela un personaje mucho más interesante de lo que pudiera parecer a priori y el giro final me pareció estupendo. También me parece fascinante Andalucía como escenario para este tipo de historias, siguiendo la estela de buen hacer de Bécquer.

-Poetas de Lisboa. Cuando visité Lisboa en 2016, estuve a punto de llevarme este librito; al verano siguiente, lo encontré en Oporto y me lo traje a casa. Es una recopilación de poemas de varios autores lisboetas: Luís de Camões, Florbela Espanca, Cesário Verde, Mário de Sá-Carneiro y Fernando Pessoa (con sus múltiples alter egos). Me parece un acercamiento muy bueno a la poesía portuguesa, con muestras de distintos estilos y generaciones. Me enamoré profundamente de Mário de Sá-Carneiro y de Cesário Verde, me fascinó nuevamente Pessoa y quizá no me llegaron tanto los otros dos autores. Se lee perfectamente en portugués, pero  es una edición bilingüe.

-Os cadernos d'amor e os velenos, de Emma Pedreira. Buscando poesía en la biblioteca (también he leído una colección de Manuel María, pero me gustó menos de lo que esperaba), di con algunos títulos de esta autora y me picó la curiosidad. No había leído mucha poesía contemporánea en gallego y me sorprendieron la crudeza de sus versos, las imágenes tan ágiles que utiliza y la carga erótica tan fuerte que tienen todos sus poemas. Si bien algunos poemas me resultaron repetitivos, en general me gustó mucho el poemario y tengo ganas de empezar pronto algún otro de ella. Puede llegar a recordar, por estilo, a Pizarnik.


VIAJECILLO(s) Y CONCIERTO


Si algo echo en falta de Madrid, es la cultura. Allí sobran las posibilidades a la hora de realizar visitas o asistir a eventos, y en Galicia es más complicado. Lo cierto es que sí que intento aprovechar las cosas que hay (en Lugo, he visitado el Museo Provincial y el MIHL; más al norte, me harto de patear castros, cementerios e iglesias), pero en cuanto a conciertos vamos escasos. Todavía estoy intentando no pensar que me voy a perder el Download de este año, con lo bien que me lo pasé en 2017 y el cartelón que tiene esta vez (incluido Shinedown, uno de mis grupos); en fin, que he pasado de apuntarme a al menos un concierto por mes, a llevar desde diciembre sin catar música en directo.
Pero mis queridos Apocalyptica decidieron alterar un poco sus puntos de gira habituales en España y se dejaron caer por Gijón. En realidad, también estuvieron en Santiago de Compostela, pero por día de la semana el asturiano me venía mejor y allí que me fui.
Es curioso porque era mi cuarto concierto de ellos, el segundo dentro de la gira de Metallica, pero me gustó muchísimo más que el del Download Festival del año pasado. Quizá porque el formato de la gira se presta más al teatro cerrado y al repertorio completo y bien estructurado, con su parte acústica y la explosión que supone la entrada de la batería y el aumento de la distorsión. Me fascina escuchar a Apocalyptica versionar las canciones de Metallica, demuestran un dominio del cello espectacular y dejan con la boca abierta. Aunque siempre defenderé sus canciones propias, no hay concierto de ellos que me haya parecido flojo; son el grupo al que quiero seguir siempre y con el que me haría giras completas porque me lo hacen pasar increíblemente bien.
Esta vez, además, les debo la buena fortuna de haber pisado Gijón después de nueve años. Sólo había estado en una ocasión, un par de días, siendo una niñata; y me ha enamorado al regreso con su arquitectura modernista, el paseo marítimo inolvidable y esa amabilidad que siempre le noto a la gente en Asturias. Fue un viaje breve (estuve dos noches), pero me dio para pensar bastante y para encontrar mi voz como no lo hago en la normalidad de mi casa.


Otros sitios que he conocido en estos dos meses han sido: Meira (había estado de pequeña en O Pedregal, pero en el pueblo creo que no), la zona de Covas en Viveiro y Outeiro de Rei (en busca de las Penas de Rodas, que acabé encontrando después de buenos paseos).


MÚSICA

Aunque me he reencontrado con Skizoo y también les he dado caña a las canciones de Apocalyptica, voy a compartir directamente los temas que más han sonado en mis dispositivos vinculados a Last.fm a lo largo de marzo y abril:

-DEVIL de Shinedown. También he escuchado bastante su último single, The Human Radio, pero tengo sentimientos encontrados con respecto a él. DEVIL, sin embargo, me satisface por completo:


-Desert Flower de Auri. Tengo que confesar que la totalidad del disco de Auri me parece una maravilla, pero esta canción me gusta especialmente porque me fascina la combinación de las voces de Johanna Kurkela y Troy Donockley. La viola le da una melancolía especial a este tema, que me transporta a un rincón muy bonito de mí.


-Dally de Hyolyn. A esta señora la voy a amar hasta que me muera y cada día alimenta más mi admiración. Convertida en su propia jefa y poniendo toda la carne en el asador, trae no sólo un temazo r'n'b como los que siempre quiso hacer, sino también un vídeo en el que demuestra que es una bailarina increíble y que todos la hemos subestimado. Así se hace.


-Falling de The GazettE. Alguien tiene que explicarme por qué esta gente ha sacado una canción que no está en Spotify ni en ninguna otra plataforma. En fin, que este grupo tiene ese algo que me engancha vayan por los derroteros que vayan. La voz de Ruki se mantiene siempre como una de mis grandes favoritas y el videoclip me recuerda a todas las historias a las que, a su vez, me recuerda la poco original The end of the f***ing world (que aún no he conseguido terminar de ver).



Lo siento mucho, pero yo avisé de que iba a ser una entrada larga. A ver si no se me pasa el final de mayo.

¡Sed felices!

martes, 17 de abril de 2018

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