martes, 12 de septiembre de 2017

De Will, Keats, Marlowe y mi Londres

martes, 12 de septiembre de 2017
(Cartas, John Keats; Editorial Icaria)


No nos ha dejado nada que decir sobre nada. Abruma al Amante genuino de la poesía con todo tipo de abuso. (...) Nunca había hallado semejante belleza en los sonetos -parecen colmados de hermosura escrita sin querer-, en la intensidad de las metáforas.

Tengo con frecuencia la misma sensación que John Keats. ¿Qué hay después de Shakespeare? ¿Qué dejó para los demás? ¿Existe la originalidad tras él? Quizá no sean preguntas adecuadas teniendo en cuenta que el propio Maestro se basó en muchas obras anteriores, pero la forma en que supo reordenarlas y sacar de ellas colores distintos es insólita en la historia de la literatura y relega a los demás, a los que hemos tenido la mala suerte de llegar después (mucho después), a un plano limitado, de mera imitación, de deslumbramiento. ¿Cuántas veces, con posterioridad, se han utilizado los equívocos de sus comedias, o los recursos estilísticos de su verso blanco, o los giros teatrales de sus obras? ¿Cuántos Hamlet, Rey Lear, Macbeth y Otello han aparecido en libros y películas (con los mismos u otros nombres)? 

Ha habido grandes poetas después de Shakespeare, y algún que otro gran dramaturgo también; el propio Keats es posterior. Pero, ¿cuántos han estado libres de Shakespeare? ¿Cuántos no se han endeudado con él?

Mucho se discute y discutirá tanto sobre la identidad del Bardo, como acerca de la autoría de las obras que se le atribuyen. Sin embargo, lo que no admite argumentos es el hecho de que nadie había escrito nunca como Shakespeare, con una agudeza e ironía capaces de analizar la naturaleza humana desde un punto de vista atemporal; con un dominio del medio y del lenguage que escapaba a autores con una formación académica y un entorno mucho más refinados.

Shakespeare me marcó desde la primera vez que leí El Sueño de una Noche de San Juan. No me encontró excesivamente joven (mis alumnos de cuarto de Primaria de hace dos años ya tuvieron que mamar a Shakespeare durante las sesiones de lectura de los miércoles), ya tenía catorce o quince, pero sí desprevenida. El nombre del Bardo lo conocemos todos casi desde que nacemos, pero hasta que lo lees no comprendes dónde llega lo importante de su legado. 

Oh, y sí, el teatro se lee (puede leerse).


Quizá suene un poco absurdo después del tono solemne de los párrafos anteriores, pero en realidad yo venía a hablar de mi libro esta entrada va sobre una serie. Una serie emitida este año y que se suma a la lista interminable de versiones audiovisuales de sus obras o sobre su persona. Y tal vez no nos encontremos ante la mejor, quizá no sea para todo el mundo, pero a mí me ha tenido en tensión, en vilo, en amor, en locura todo el verano.

Lo que conocemos sobre la vida de Shakespeare no es muy interesante (¿las vidas de cuántos escritores son muy interesantes?). Si Shakespeare es, en efecto, la persona que nació en Stratford-upon-Avon (yo creo firmemente que lo es, aunque puede que sea más bien un deseo), entonces podemos afirmar que se trataba del hijo de unos comerciantes y que se casó muy joven con Anne Hathaway, a la que posiblemente fue infiel en distintas ocasiones. Que su familia cayó en desgracia cuando era niño y que, si recibió educación formal, tuvo que ser en la escuela pública de Stratford. Que llegó a Londres conocedor de su propio talento y acabó trabajando como escritor y actor antes de adquirir la co-propiedad de la compañía Lord Chamberlain's Men, que sería la favorita de la realeza. Sobre su relación con Christopher Marlowe y con la muerte de éste, todo son especulaciones.

Llevar a la pantalla la vida de un personaje de quien existen tan pocas (¿ninguna?) certezas no es muy complicado, pero sí lo es convencer al espectador de que ese que está ahí delante es, en efecto, la persona que ha marcado la historia de la literatura y del teatro, el poeta que obsesionaba a Keats y el genio que todavía hoy, en pleno siglo XXI, sabe describirnos a la perfección. Y la serie de la que os hablo, Will (2017) de la TNT, hace muy bien dos cosas: la primera, transformar al Bardo en un joven como el que debía de ser cuando llegó a la capital para hacer fortuna y conseguir que este muchacho resulte a la vez creíble en su edad y tiempo, pero también en su edad y en la época que vivimos nosotros; la segunda, revolucionar la estética propia del reinado isabelino para colorearla y cardarla como si se tratara de los años 70 londinenses, profundamente marcados por la moda punk de Vivienne Westwood, con todas sus cadenas, imperdibles, rotos y crestas de colores. Así, al tiempo que presenciamos las representaciones de Eduardo III, El Sueño de una Noche de San Juan o Los Dos Hidalgos de Verona, escuchamos melodías que nos llevan a un Londres de The Clash, de Iggy Pop, de los Beastie Boys, de Nine Inch Nails y de los Sex Pistols
El retrato que la serie hace de Londres, combinando aspectos de esos dos momentos tan diferentes e incluso de la urbe de hoy, es uno de los más cercanos que he visto al esqueleto de esa ciudad inmortal, a las raíces que la sostienen y la hacen única, inolvidable, reina.

He navegado por todo el mundo -cantaba Sweeney Todd-, he contemplado sus maravillas: desde los Dardanelos hasta las montañas de Perú. ¡Pero no hay lugar como Londres!
Londres, a pie de calle y subterránea; Covent Garden y los recuerdos trágicos del East End; comedia y drama: el Londres de Shakespeare, el Londres de Bowie, el Londres del que yo me enamoré profundamente en 2010. 


Desviar la atención de William Shakespeare hacia otro lado también es algo que hace bien esta serie. Acompañamos a Will (Laurie Davidson) a todas partes y en todas sus facetas: desde el padre que deja atrás a su familia en Stratford, al amante que seduce a la hija de su jefe, pasando por el autor que no puede huir de la poesía, el católico que traiciona a veces sus principios y el amigo que decide levantar un teatro de las cenizas. Sin embargo, ni Will, ni Alice (su enamorada, Olivia DeJonge) llegan a ser dueños de la serie cuando el telón se cierra: sobre el escenario, no hay manera de batir al Maestro; pero, cuando acaba la función, el que manda es Marlowe

Christopher Marlowe (Jamie Campbell Bower en la serie), como su Fausto, era un hombre culto, formado en las letras y en las artes, apasionado del conocimiento y frecuente acompañante de  poetas, filósofos y matemáticos. No asistía, sin embargo, a sus clases con regularidad y los pocos datos irrefutables que nos han quedado sobre él hablan de la implicación en un homicidio, de una posible doble vida como espía y de acusaciones de ateísmo, sodomía y pedofilia. Marlowe murió en 1593 en una reyerta.
Y este Marlowe, el Marlowe de la serie, ve cómo su talento queda de forma inmediata a la sombra del de Shakespeare, cómo éste hace suyo el verso blanco y cómo Fausto es eclipsado por Ricardo III. Sin embargo, su vida, su carácter torturado y apasionado, su necesidad infinita de saber y trascender y su entrega a la locura nos hacen amarlo por él, por Marlowe, por la persona (personaje) que sigue ahí cuando el telón ha caído. 
La interpretación de Jamie Campbell Bower, la mejor de lejos de su carrera, nos recuerda a las estrellas de vida desmesurada del punk y del rock, a los 70, a Londres. Y, si conocéis al actor como lo hago yo, todo encaja. El viaje de Marlowe a lo largo de los diez capítulos de esta primera temporada es tan adictivo como histérico, y cuando creemos que por fin rebasa el límite de lo creíble nos demuestra que no, que siempre hay más capas; que llegar al fondo, al esqueleto, es muy difícil. Como si el propio Marlowe fuera un personaje de Shakespeare. Un Fausto shakespeariano.

No quiero engañaros: es una serie adolescente, fácil, romántica y dinámica. No tiene la grandilocuencia de mis palabras (no la necesita). Pero nos lleva a Londres, nos lleva a Kyd, nos lleva a Fausto y a Ricardo III. Y, en esa visión tan unitaria de las generaciones, de los mismos espacios en momentos diferentes, es honesta. Y honestidad es lo que le pido a cualquier obra de ficción que pretenda instalarse por un período largo en mi vida.

Y así visto mi desnuda villanía y parezco un santo cuando más hago de Diablo.

Siete años menos y felicidad/conmoción visitando la casa natal del Bardo.

No lo he mencionado porque la pasión me ha llevado por otros derroteros, pero Ewen Bremner y Lukas Rolfe realizan un trabajo soberbio a lo largo de toda la temporada. Y, más allá de Marlowe (y Will), mis personajes favoritos son Richard, Kemp y Moll.

domingo, 10 de septiembre de 2017

Tag: el sacrificio de la ficción

domingo, 10 de septiembre de 2017
Señoras, señores, es domingo por aquí y he decidido hacer otro tag. Me gusta que sean especiales, que se salgan de las preguntas de siempre, y cuando encuentro uno así lo disfruto bastante porque me obliga a pensar desde puntos de vista distintos. 
El tag original solamente tenía cuatro preguntas y hablaba únicamente de libros, así que lo he modificado y ampliado para que aporte un poco más y no se centre sólo en las páginas. Me encantaría saber qué obras echaríais vosotros a la hoguera, así que sed libres de llevároslo a vuestros blogs o de comentarme vuestras respuestas aquí mismo.


El sacrificio de la ficción (libros, películas y series que quemaría YA MISMO):

1. Uno al que se le haya dado demasiado bombo


Libro. Me estoy ganando enemigos desde ya, pero diré la saga Cazadores de Sombras, de Cassandra Clare. Casi todas las sagas juveniles tienen detractores, pero ésta parece intocable y no lo entiendo. Me leí en su día la primera trilogía, la trilogía de los antepasados (no me hagáis recordar el nombre; ya sabéis, la de Will, Jem y Tessa) y el cuarto libro a medias (no conseguí terminarlo); también he leído esas escenas tipo fanfiction que la autora sube a su web y parte del tomo sobre Magnus Bane. Y, señores, los libros enganchan bastante y Malec es amor absoluto, pero por lo demás me parece una saga tremendamente repetitiva y con personajes cansinos hasta el aburrimiento (el trío Jace, Clary y Simon me resulta insoportable). Sin estar mal la ambientación, tampoco creo que aporte nada nuevo al género de la fantasía urbana. En fin, que no entiendo el hype.

Película. Más enemigos. Hace años, encontré en la biblioteca un par de películas del aclamado Lars Von Trier y sólo diré que la segunda ni siquiera la vi de la pereza que me dio la primera. ¿Cuál era ésta? Dogville, ganadora de premios y elogios a puntapala y, lo siento, TAN DEMAGOGA que me puso enferma. La idea en un inicio es buena y la ejecución resulta muy llamativa; me costó un poco meterme en la historia, pero lo conseguí y hasta me gustó cómo se había llevado a cabo. Pero, a medida que avanzaba y comenzaba a desarrollarse el nudo de la trama, me sentí estafada y manipulada. El discurso me parece lamentable, pretencioso y carente de profundidad y análisis. Demagogo, como decía. No he vuelto a ver nada del director; pienso en Dogville y sólo me produce rechazo.

Serie. Soy consciente de que tiene muchas cosas buenas y de que es necesario que se ponga en la palestra la diversidad como esta serie lo ha hecho. Pero, lo siento, a mí Sense8 me pareció un batiburrillo de tópicos donde no se me enseñaban personajes que representaran la realidad. Estaban todos tan exagerados y encorsetados en los estereotipos de sus respectivas sociedades o colectivos, que no me llegaban para nada. Y sí, hay episodios y escenas muy memorables, pero me habría gustado que se profundizara un poquito en vez de quedarse tan en la superficie. 


2. Una secuela

Libro. NovuelvasadecirCazadoresdeSombrasnovuelvasadecirCazadoresdeSombrasnovuelvasadecirCazadoresdeSombras. Amanecer, de Stephenie Meyer. Que tampoco es que los anteriores fueran obras de arte, pero ese libro no hay por dónde cogerlo. (Leo pocas sagas o libros con secuelas, me ha costado mucho acordarme de que una vez disfruté Crepúsculo).

Película. ¿Casi todas? A ver, no quiero ser hater, pero pocas veces las secuelas se hacen bien. Quizá porque me tocan más, encuentro deleznables y omitibles todas las que se han hecho de El Cuervo (1994). Me tragué en su día la de Iggy Pop (City of Angels, de 1996) sólo por Iggy Pop y casi la vomito; de las otras me llegó con fragmentos para no querer saber nada. ¿Les compensó económicamente? Porque sino no lo entiendo. 

Serie. Voy a decir Revenge y lo hago porque es una serie que seguí y disfruté mucho en su momento. Basada en El Conde de Montecristo, nos va narrando cómo Emily venga la muerte de su padre metiéndose en las vidas de sus enemigos para acabar con ellos desde dentro. Y la primera temporada es brillante, pero hay historias que no dan para alargarlas tanto y, a partir de la segunda, la esencia se perdió. Tuvo sus grandes momentos en todas las temporadas, pero en general creo que deberían haberse ceñido a una sola. El final me dio mucha pena y no estuvo a la altura de las grandes escenas, personajes y giros de Revenge.
También podrían quemar Once Upon a Time a partir de la segunda/tercera temorada.


3. Un clásico


Libro. Suelo tirar mucho por los clásicos, creo que lo son por una razón y que, en términos generales, son libros de calidad. Me ha costado mucho elegir uno y dejadme aclarar que para nada lo odio, pero es una novela que no volveré a leer porque me resultó demasiado perturbadora: El Señor de las Moscas, de William Golding. Lo he pasado mal con muchos libros y algunos de ellos me fascinan; sin embargo, en este caso no fue de forma directa, sino por lo que se escondía entre las palabras, por lo que se sugería o se omitía, y por la edad de los personajes. Más allá de si el libro es o no demagogo (le pasa algo parecido a Dogville, pero en menor medida) o de si generaliza basándose en un sesgo demasiado limitado, los sucesos que viven estos niños y la naturalidad con la que se van transformando me crearon un nudo en el estómago durante semanas. Me creí la historia y me resultó horrible. 

Película. Habiendo, como hay, grandísimas cintas en la historia del cine japonés, me da bastante pena que una de las más conocidas sea El Imperio de los Sentidos. Puedo entender por qué fue rompedora en su momento, pero me resultó muy vacía y repetitiva, empeñada en mostrar escenas muy explícitas en lugar de profundizar en ellas. También, y de nuevo lo comprendo, es una película muy falocentrista en que todo gira en torno al hombre y a su pene; las mujeres, curiosamente, son todas unas obsesas que se pierden por tener sexo con él. No me llegó en absoluto. 

Serie. Aunque  reconozco que me entretiene, me parece malísima Sexo en Nueva York. Nunca he comprendido por qué es casi de culto. Las cuatro protagonistas me parecen planas y definidas por uno o dos rasgos a los que se limitan, y sus historias van de absurdo en absurdo. Sí, en su momento era necesario ver en pantalla mujeres hablando de sexo y de relaciones, pero es que no creo que ninguna de ellas represente a nadie. Me parece una serie superficial y bastante sosa, que más que nada insulta a las mujeres. Repito que me puedo tragar capítulos y echar la tarde, pero no le encuentro la gracia ni el sentido. 


4. Uno de un autor/director/etc. que te guste

Libro. Ángel y el troll, de Johanna Sinisalo. Mencionaba a esta escritora cuando hablé del Finnish Weird dentro del proyecto Adopta una Autora, y realmente es una mujer que ha aportado muchísimo a la literatura de su país y de la que algunos relatos me han gustado mucho. Es una escritora con una visión muy especial del mundo y de la fantasía. Sin embargo, esta novela me horrorizó y sé que posiblemente me falte contexto para comprenderla y que tal vez deba releerla en algún momento. Narra el encuentro de Ángel, un joven fotógrafo, con una cría de troll a la que decide llevarse a su casa y por la que va experimentando toda una gama de sentimientos. Los personajes me parecieron horribles y mal llevados, la historia no me la creí y las ¿insinuaciones? acerca de la relación de la sexualidad del protagonista y su comportamiento con el troll me confundieron. 

Película. Woody Allen es uno de mis directores favoritos, pero está tan empeñado en sacar películas como churros que las hay buenas y malas. A Roma con Amor es una de las últimas, en mi opinión; en su día me resultó casi insultante. Hace un análisis del matrimonio frívolo, muy en su línea pero con menos sentido, y generaliza sobre las relaciones de pareja de una forma que no me resultó ni creíble, ni especialmente entretenida. Es una cinta llena de tópicos y que no aporta nada.

Serie. Me tragué la primera temporada de Taboo por el mero hecho de estar involucrado en ella Tom Hardy, pero no llegué a ver el episodio final (lo haré, lo haré). Es una serie en la que brillan la ambientación y la interpretación de Hardy, pero me resultó vacía de contenidos, excesivamente lenta y sin trama. Con un episodio o dos habría bastado, y la presencia de Oona Chaplin tampoco le hace ningún favor (sobreactúa tanto, que tenía que apartar la vista cada vez que salía en pantalla). Se promete demasiado sórdida y profunda para lo que es en realidad.


5. Uno excesivamente largo


Libro. Voy a decir la saga El Rey Demonio, a la que por otro lado le tengo mucho cariño. Estos cuatro libros, escritos por Cinda Williams Chima, nos arrastran a las vidas de dos personajes destinados a encontrarse: la princesa Raisa y el cazafortunas Han. Ambos tienen un pasado en común del que no saben nada y se ven envueltos en varios sucesos que tienen que ver con la corona y los poderes políticos. Es una saga young adult que tiene como factor positivo el hecho de que sus personajes van mucho más allá de los tópicos y muestran varias facetas bastante realistas. Sin embargo, sus cuatro tomos bien podrían haber sido dos, ya que el segundo y el tercero se sienten en todo momento transitorios y alargados.

Película. Hay muchas películas muy largas que me fascinan, pero también creo que últimamente todo lo que vemos en el cine sobrepasa las dos horas y en la mayoría de los casos es innecesario. Voy a decir, por ejemplo, Aliados (2016), con Marion Cotillard y Brad Pitt. Es una película impecable en fotografía, vestuario y ambientación, pero a la que le sobra la mitad de su duración porque no dice nada. En general, me resultó muy fría y forzada, sin alma. Y me encantan los actores, pero no estamos ante lo mejor de ellos porque el guión y la dirección no juegan aquí a su favor.

Serie. Once Upon a Time, y no me voy a explicar. Se explica por sí misma. (Me da muchísima pena porque ADORÉ la primera temporada, pero por favor...).


6. El que menos te haya gustado nunca

Libro. ¿Norwegian Wood de Murakami? Norwegian Wood de Murakami. Está genial escrito, pero el contenido es basurita. Personajes tópicos, situaciones de película porno de serie B y una falta brutal de coherencia y de profundidad. Las mujeres están ahí para bailar alrededor del pene del típico protagonista anodino y plano, y las pobres están todas un poco locas también. QUE NO.

Película. Saló o los 120 días de Sodoma, de Pasolini; así de directa soy en este caso. Infumablemente larga, dudo mucho que el señor Pasolini persiguiera otro objetivo que el de mostrar violencia sexual explícita hacia mujeres y niños. Asquerosa, sin más.

Serie. No hay ninguna que considere la peor, pero sí varias españolas que me dieron mucha vergüenza: El Don de Alba (adaptación de Entre Fantasmas, ojo cuidao), Piratas (Pilar Rubio en su máximo esplendor), Bienvenidos al Lolita... Con ninguna pasé del primer episodio.


En fin, hasta aquí mi aportación hater al mundo. ¿Qué obras de ficción os han horrorizado? ¿Qué opináis de las que menciono?

¡Hasta la próxima!

martes, 5 de septiembre de 2017

Favoritos de julio y agosto

martes, 5 de septiembre de 2017

Queridos, parecía que iba a ser un día de nostalgia y, sin embargo, me ha cambiado la cara. Estoy de vuelta (temporalmente) en mi ciudad, Toni Garrido ha comenzado nueva etapa en la radio (madre mía, cuánto lo he echado de menos) y he llegado a tiempo a un certamen de poesía en el que quería participar.

Había estado en Vigo desde mediados del mes de julio, a excepción de unas semanas fuera de las que pienso hablaros en breve; y estar en Vigo es sinónimo de no tener más Internet que el de mis datos móviles, lo cual no da para hacerle mucho caso a este blog. Tengo dos entradas bosquejadas desde hace un mes y quiero compartirlas con vosotros cuanto antes, pero por lo pronto va siendo hora de que os cuente qué obras de ficción, música y aventuras han sido parte de mí durante este tiempo.

Libros y cómics

-Escribir y borrar, de Ada Salas. En una de mis últimas entradas, aludía a esta colección de poemas de la autora cacereña al reproducir y reflexionar sobre algunos de sus textos acerca de la naturaleza de la poesía y el poeta. Este año estoy descubriendo muchas voces poéticas nuevas y la suya es, sin duda, una de las que más me han impresionado. Me ha resultado extremadamente fácil encontrarme a mí misma en sus versos y terriblemente complicado despegarme de ellos.

-La fuerza de su mirada, de Tim Powers. Es la única novela que he leído este verano, y no ha sido ni fácil ni ligera. Es un tomo de unas 800 páginas bastante densas, que a título personal desaconsejo leer en la edición española de Gigamesh porque la traducción es bastante confusa (y ya la novela tiene lo suyo). Aunque os dejo el enlace a mi crítica más extensa en GoodReads, sí que os recomiendo el libro si os gusta la temática vampírica y, de manera especial, si admiráis a los poetas románticos ingleses Byron, Shelley y Keats. El trabajo de Powers en cuanto a caracterización de los personajes y colocación perfecta de unos engranajes enraizados en la mitología clásica es magistral. Tiene un punto bastante negativo y es que las mujeres de la novela son horrorosas, pero el libro merece la pena por todo lo demás. Siempre vuelvo a Powers, así que ya os contaré cuál es el siguiente.

-Las personas del verbo, de Jaime Gil de Biedma. Tampoco conocía a este poeta hasta hace unos meses y también me he enamorado de él. Su poesía es profundamente intimista, honesta e irónica, pero también plástica y muy elegante. Tengo tantas esquinas dobladas para releer piezas de esta colección, que acabo antes volviendo a degustarla entera. Sin duda, es otro autor del que ya no me voy a desvincular.


-Genealogía de una bruja, de Benjamin Lacombe y Sebastien Perez. Esta cajita con dos volúmenes fue uno de mis regalos de cumpleaños y, como todo lo que toca el ilustrador, es deliciosa. El primero de los dos tomos es La pequeña bruja, un cuento infantil muy sencillo sobre una niña muy especial que descubre que es una bruja; es una historia tierna y las ilustraciones son una maravilla. Sin embargo, lo que más me ha gustado es el otro libro, titulado Brujas y hechizos, que es un grimorio donde se nos va presentando a algunas de las brujas más relevantes de la Historia, entre ellas algunas que a todos nos suenan: Isis, Lilith, Juana de Arco, (Mona) Lisa... Las historias de estas mujeres son adaptadas a su ahora sabida condición de brujas y acompañadas de dibujos perfectos. También contiene un glosario de términos relativos a la hechicería y algunos datos curiosos.

-Orange, tomos 1 y 2, de Ichigo Takano. Hace mucho que le había echado el ojo a este manga y, además, varias personas me lo habían recomendado. Así que por fin me compré los dos primeros volúmenes y ¿qué os puedo decir? En primer lugar, el estilo de dibujo me encanta y creo que encaja muy bien con la historia. Los personajes me resultan interesantes y creíbles y su amistad, muy convincente. La trama (una chica que comienza a recibir cartas desde el futuro que le piden que cambie el pasado) es trágica y tierna a partes iguales y no llevaba medio tomo cuando empecé a llorar. Me ha emocionado mucho y estoy deseando leer el resto.


Cine


Esta vez, he consumido muy poquito cine. Os traigo tan sólo un par de títulos que creo que merecen bastante la pena.

-Baby driver (2017). Hacía tiempo que veía promociones hasta en la sopa, así que la fui a ver al cine en julio. Es una cinta gamberra, romántica, divertida y emotiva a partes iguales y sin pecar de exceso de ninguno de estos ingredientes. Un musical camuflado con una estética muy rockera que gira en torno a la figura de Baby, un joven que se ve envuelto en las actividades de una banda criminal y que intenta dejar atrás esa vida. Tiene sus fallos, pero cumple con la función principal de entretener y lo hace con una dirección brillante, interpretaciones muy decentes (sale por ahí hasta el Punisher de Marvel/Netflix) y una frescura muy vintage.

-Blue Valentine (2010). Esta cinta estaba guardada en mi disco duro por razones que desconozco y también ha sido una revelación. Cuenta la historia del deterioro de una pareja, desde que se encuentran por primera vez hasta que llegan a casarse y formar una familia. Es una bofetada de realidad en la que se van retratando algunas conductas tóxicas que con los años se cobran los aspectos buenos de la relación. En cierto modo, me ha recordado a Dos en la carretera (1967). Las interpretaciones de Ryan Gosling y Michelle Williams son muy buenas y la cámara nos hace estar ahí, con ellos, en todo momento.


Series

Los revisionados de rigor han caído, por supuesto, y en este caso han sido: Robin Hood, The IT Crowd y el dorama japonés de Hana yori dango. Lo bonito de los años es que te dan nuevas perspectivas sobre obras que ya conocías y así ha sido esta vez. Robin Hood me sigue enamorando, pero reconozco que la Marian autosuficiente y aventurera de la primera temporada se pierde un poco en la segunda; Hana yori dango me ha parecido horrible después de todo este tiempo, machista y ridícula hasta la saciedad, pero el cariño es el cariño y estoy deseando ponerme con la segunda temporada para ver si la mejoraron luego. The IT Crowd es perfecta, nada que mencionar.

Vamos con lo nuevo:


-Will (2017). Mi descubrimiento favorito de la temporada, sin ninguna duda. Como fan incondicional del maestro entre maestros, Shakespeare, cuando me enteré de que se estaba haciendo esta serie supe que no podía esperar a verla; ya cuando leí que mi querido Jamie Campbell Bower iba a interpretar a Christopher Marlowe... Will relata los primeros meses de Shakespeare en Londres, intentando ganarse la vida como autor de obras teatrales y actor. La serie es muy entretenida y los personajes se hacen querer, pero hay dos cosas que me han maravillado por completo y por las que la amo profundamente. La primera, la ambientación, que es una mezcla entre el estilo propio del momento y la cultura (moda, peinados, música...) punk de los 70 ingleses; partiendo de una equiparación de los grandes dramaturgos isabelinos con las estrellas del rock contemporáneas, les da una vuelta a las figuras y a los colores de la época de Shakespeare, convirtiéndolos en una maravilla visual. La segunda razón por la que voy a volver a ver Will muchas veces es el personaje de Marlowe, de cuyo homónimo real lo poco que sabemos es cuando menos turbio y sórdido; la serie y Bower le dan una profundidad que lo equipara a su Fausto, convirtiéndolo en una delicia torturada que desea, por encima de todo, trascender (en todos los sentidos de la palabra).
P.D.: Amo a Richard.

-Dark angel (2016). Esta mini-serie protagonizada por Joanne Froggatt está compuesta por dos episodios que nos cuentan la historia de Mary Ann Cotton, la considerada primera asesina en serie de Inglaterra. Mary Ann mató a múltiples maridos e hijos, posiblemente para cobrar los seguros de vida, durante el siglo XIX. Aunque la serie no es en sí nada que se salga de lo común, la interpretación de Froggatt me pareció magistral y la forma en que el personaje se va desarrollando hasta alcanzar la psicopatía es muy interesante. También se trata, con bastante crudeza, el tema de la situación precaria de las mujeres en esa época. 

Y sí, también he visto la séptima temporada de Juego de Tronos, pero no he salido especialmente contenta de ella. La serie sigue teniendo aspectos notables, pero a nivel de guión y personajes me ha parecido una temporada casi ridícula, con tramas absurdas, saltos temporales sin ningún sentido ya y demasiadas cosas que suceden muy convenientemente y sin lógica. ¿Grandes momentos? Siempre. ¿Gran temporada? De lejos, la peor. 


Viajes

video

Este verano, entre finales de julio y comienzos de agosto, he estado en mi querida Gran Bretaña. Y ha habido momentos espectaculares, de algunos de los cuales os voy a hablar más adelante. Resumidamente, me pasé cuatro días en Londres, uno en Salisbury y Stonehenge (¡por fin!), dos y medio en Nottingham y el bosque de Sherwood (¡POR FIN!) y los restantes cinco y medio en Escocia, a caballo entre la preciosa Edimburgo y las Highlands, concretamente la isla de Skye (¡id!, es el lugar más bonito que he visto en mi vida) y lo que pillamos de camino: Eilean Donan, Glencoe, Fort William y mil montañas y lagos cuyos nombres desconozco pero que me maravillaron completamente. 


Hacía tiempo que no viajaba en compañía y, a excepción de Nottingham, estuve siempre acompañada; lo sentí, tras varias aventuras en soledad, como algo nuevo y extraño. 
En serio, id a Skye.


P.D.: He visto frailecillos.

P.D.: También he estado en distintos puntos de Galicia y Portugal, y por primera vez he tenido un día para ver Oporto y hasta sacarme la foto de rigor en Lello.


Música

El verano ha sido un popurrí de toda la música que me gusta y me mueve, incluidos temas que no había escuchado en años, pero voy a dejar aquí dos menciones especiales:

-Bad wine and lemon cake de The Jane Austen Argument (en el vídeo, con Amanda Palmer). 


Dejad que os cuente la historia: hace unos años, gracias a Amanda Palmer, descubrí al autor de esta canción que ella misma incluye en uno de sus discos, un tal Tom Dickins. Tom Dickins es un señor australiano que hace música rollo cabaret de una sensibilidad extrema y que canta como un ángel, y en el momento en que lo descubro tiene un grupo llamado The Jane Austen Argument junto a la igualmente fantástica Jennifer Kingwell. Me enamoro profundamente del proyecto, lo escucho todo mil veces y sueño con el día en que pueda ir a Oceanía a verlos. Después Tom saca su proyecto The Punintentionals y me parece igualmente perfecto.

He hablado de este señor ya varias veces en el blog.

Pues bien, un buen día de 2017 dice en Facebook que el 26 de julio podría cantar en algún sitio en Londres. Yo tengo la llegada prevista para el 26, así que me vuelvo loca ante la idea. Después dice que no ha podido ser, pero que ¡SORPRESA! va a participar en el Fringe (ese maravilloso festival de teatro y artes escénicas que se celebra en agosto en Edimburgo) en un espectáculo llamado Mother's Ruin. A Cabaret About Gin.

Y allí que me planto. Y tengo a Tom Dickins a dos palmos de mi jeto y le oigo tocar y cantar como alguien que no es de este mundo. Y le veo sonreír y su sonrisa es la más feliz que he visto en mi vida.

Si en algún momento lo traen de vuelta a Europa, que sepáis que el espectáculo es muy divertido (algo trasnochado, eso sí, pero te sirven una ginebra con la entrada) y sarcástico; y los tres, Tom y las dos protagonistas de la obra, son brillantes. 

En fin, que me he pasado desde entonces machacando la música de Tom porque haberle visto ha sido mágico y porque aún me arrepiento un poco de no haber esperado unos minutitos más para hablar con él.


-Melancholia -Electria- de Buck-Tick. 


Me he pasado agosto deshaciéndome de las montañas de CD-ROM y DVD que tenía acumulados y eso me ha llevado a volver a toparme con cientos de archivos de vídeo maravillosos de los que no me acordaba. Buck-Tick es uno de esos grupos japoneses que nunca dejo de escuchar por lo original de su propuesta y por el cariño que les tengo a sus integrantes, y me he visto en este tiempo un par de conciertos enteros de hace años. Melancholia es una canción que en su día no me llamó especialmente, pero la actuación en vivo de uno de esos directos me maravilló y la he redescubierto por completo. No puedo dejar de escucharla y creo que ya está escalando hasta la cima de mis temas favoritos de la banda.


Conciertos

He ido a ver a Miguel Bosé y a Fangoria. Qué os puedo contar.


Espero que vuestro verano haya estado tan cargado de descanso y experiencias como el mío. Toca ponerse ya las pilas y marcarse nuevas metas. Yo tengo unas cuantas.

¡Vamos!
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