sábado, 13 de enero de 2018

House of the Silent: origen y porvenir

Suplico de rodillas que no me odiéis de por vida por compartir este horror.

Crear contenido en Internet es mi día a día. Llevo haciéndolo tanto tiempo, que no se me ocurre que vaya a poder parar en ningún momento.
Tuve mi primer ordenador a los ocho años. Se me había antojado por Navidad un ordenador de juguete (¿Genio 2000?) como el que tenía una prima segunda con la que jugaba, y no había tutía; no me callaba ni de día ni de noche con el dichoso aparato, y a mis padres no les hacía ninguna gracia gastarse el dinero en aquel cacharro. ¿Qué hizo el señor Germán? Comprar uno de verdad. Acababa de salir el Windows 95 y yo NUNCA HABÍA VISTO UNA COSA DE AQUELLAS. Parecerá que soy muy vieja, pero no conocía a nadie que tuviera ordenador en casa y no tenía ni idea de para qué servía tanto trasto: que si ratón, que si CPU, que si teclado... Me enviaron a dos o tres clases de manejo básico porque no me entraba en la cabeza que el chisme aquel que tenía la bola que giraba por debajo hiciera mover esa flecha; y mucho menos entendía para qué servía el escritorio, con todos sus iconos y cosas raras.
Sin duda, el gran triunfador en mi casa fue el Pinball, al que jugaba horas como una posesa. Luego, progresivamente, me fui instruyendo a mí misma en el Solitario, Paint y Word; llevaba tiempo usando una máquina de escribir viejísima (y durísima) de mi padre, así que este último programa me conquistó. ¡Cuántos disquetes de 3 1/2 llené de blocs de notas súper elocuentes!

(Perdonad que escriba en jerga; no sé hablar de estos temas sin sacar mi yo callejero).

También fui la primera persona que conocía en tener conexión a Internet. El correo electrónico que se abrió mr. Germán nos servía a toda la familia para recibir felicitaciones multimedia en Navidad, para enviar los primeros mensajes en cadena y para tener noticias de gente a la que no poníamos cara.
Tengo grabado en la memoria el sonido del módem conectándose y la cantidad de horas que invertía, cuando descubrí cómo hacerlo, en descargar una imagen. La primera canción que me bajé de mi cantante favorito, Hyde (Hideaway es el tema), estuvo en la lista de descargas del Kazaa un par de semanas. 

Haber vivido esto condicionó mucho mi adolescencia. Ya sabéis, la pubertad es esa etapa en que nos buscamos a nosotros mismos, en que exploramos nuestros gustos y nuestra personalidad se empieza a afianzar. Mi adolescencia fue L'Arc~en~Ciel, fue Hyde, fue Gackt, fue Dir en Grey y fue, en definitiva, la música japonesa como obsesión permanente. Mis amigas y yo vivíamos para tener en nuestro poder todo vídeo musical, toda actuación en directo, todo concierto grabado que pudiera existir. Os prometo que llegó un punto en que lo tuvimos TODO, tras mucho esfuerzo y dedicación. No imagináis en qué medida desarrollamos nuestras habilidades de búsqueda e investigación, nuestro inglés, nuestra fantasía. Yo empecé a escribir fanfics como una loca (siempre había escrito, tampoco era nada nuevo, salvo que los protagonistas eran ellos -los músicos- y nosotras -mocosas obsesionadas con ir un día a Japón y conocerlos-), y ellas me tomaron el relevo. Así que sí: a los quince años, nos desvelábamos por reunir todo el material y, a la vez, dar continuación al fanfic del momento (bendito Messenger: cuánto zumbido me comí para espolearme a que añadiera un párrafo más; Mai, eras una demente).

Creo que ya he hablado de esto muchas veces, pero es que me define.

¿Sabéis qué más hicimos? COMPARTIR NUESTRA SABIDURÍA. Éramos sabias dentro de ese mundillo, de verdad. Lo teníamos todo, lo controlábamos todo. LO TRADUCÍA(mos) TODO. Así que nos creamos ¡tres, cuatro, cinco, yo qué sé! páginas de MSN para colgar la información y las imágenes de cara a gente que las estuviera buscando. Los grupos de MSN incluían foros donde debatíamos con gente (benditos peruanos), galerías multimedia (para fotos de baja calidad, tampoco nos flipemos) y un montón de espacio para escribir. Así que redactábamos las biografías de los miembros de los grupos, pero también colgábamos entrevistas traducidas al cristiano por nosotras y ¡AMIGOS!, el p*to libro autobiográfico de Gackt en una traducción íntegra (y anotada; las NdK -notas de Kaoru- tenían su público, babies) realizada por moi con ¿dieciséis? añitos. ¿HOLA? Perdonad, pero es que creo que éramos lo más. También creamos páginas de animes como Saint Seiya o Rurouni Kenshin, y algunas en colaboración con otras personas preciosas.

Mi paso por el instituto se resume en esta imagen. La he sacado de 20minutos.com

Si recordarais, como yo, el día que me hackearon y eliminaron todo el contenido que había hecho y del que no tenía copia... Mis amigas pudieron cambiar contraseñas rápidamente y no se perdió lo suyo, pero a mí lo de las entrevistas de L'Arc~en~Ciel me hizo daño.

Más tarde, llegaron los foros. Sé que hubo muchos más, pero el que yo personalmente gestionaba sola era de música japonesa y aún existe. Me parece que ya había compartido el enlace antes, pero me hace ilusión: ÉSTE ES. Por supuesto, lo abandonamos hace mucho tiempo, pero gracias a él conocí a gente con la que aún tengo relación y, más particularmente, a las señoritas Mine y Kae, que a día de hoy siguen en mi vida a tope; ay, nenas, quién nos lo iba a decir. La noche anterior al concierto de D'espairsRay en Fuenlabrada (es tan triste pensar que tocaron en Fuenlabrada), PRIMER CONCIERTO DE MÚSICA JAPONESA AL QUE ÍBAMOS A IR Y QUE ENCIMA ERA DE UN GRUPO QUE AMÁBAMOS, el chat que tenía enlazado en el foro echaba humo de nervios. Esa época fue genial.

En fin. La locura máxima fue Japón, pero en mis entrañas se estaba gestando, a la vez, el amor absoluto por Finlandia y su música. Descubrí HIM a los ¿catorce?, me pasaron la discografía de The 69 Eyes a los ¿quince? y me obsesioné con Nightwish en ese mismo momento.

Los años pasaron, la madurez fue llegando y poco a poco empezamos a dedicar nuestro tiempo a más cosas. Nos fuimos a la universidad, nos llevamos los primeros chascos en la vida y tuvimos que crecer. El amor de verdad no se muere, la música que nos flipaba sigue siendo la que más nos gusta quince años más tarde. Nuestra forma de crear contenido evolucionó, supongo. House of the Silent, este blog que alguien (aparte de mí, espero) está leyendo en este momento, nació en 2009. Ya conocía el formato y la plataforma, ya había usado otros blogs (Lyrical Poem, donde traduzco canciones, lleva on fire TANTO tiempo) de distintas temáticas, pero me apetecía hablar de mí, de los libros que leía, de las canciones que me hacían llorar, de las cosas que estaba aprendiendo en la carrera y me llamaban la atención. La primera entrada definía en pocas líneas lo que esperaba expresar aquí.

Le puse House of the Silent por uno de los grupos que más me enamoraban, que más me enamoran. Charon es una formación finlandesa que, aunque cesó sus actividades en 2011, dejó una huella permanente: su poesía, su oscuridad, la voz grave de un JP Leppäluoto al que seguiré hasta que me muera (¿alguien recuerda que en mi viaje a Finlandia, el pasado diciembre, le pude ver por fin tras toda una vida?)... A Charon les conocí alrededor de 2006, poco después de que saliera su disco Songs for the Sinners, y fue algo después cuando se los enseñé a mi amiga Mai una noche que dormí con ella en Vigo, en el piso de su hermana. RECUERDO QUE TARDÓ MEDIO SEGUNDO EN PERDER LAS BRAGAS. Leppäluoto es mucho Leppäluoto, y pocos señores nos unen como él. La canción favorita de Charon de mi amiga Mai es House of the Silent. ¿Os suena? 

Así que sí, mi yo de 2009 era muy claro cuando expresaba en el primer párrafo de este espacio lo que quería contar en él: que le apasionaban los libros, que le apasionaba el manga, que le apasionaba el cine, que le apasionaba la música. 

Os cuento esto por una espinita, por un comentario que debería haber ignorado pero no he conseguido hacerlo del todo, que alguien malintencionado me dejó en la encuesta de la barra derecha opinando que a mi House of the Silent le falta coherencia porque abarca un poco de todo

Y sí, ¡POR SUPUESTO!, pero creo que, casi diez años later, sigo siendo exactamente la misma persona al teclado. Sigo dedicando horas a reflexionar sobre los conciertos en los que me he deshecho, sobre el cine que me ha encandilado y la poesía que me ha abierto en canal. ¡No he cambiado nada! Y os digo más: en esto, no voy a cambiar. Primero, porque no puedo dejar de ser lo que soy y porque House of the Silent no puede escapar de su esencia; segundo, porque NO ME DA LA GANA. Porque fui una adolescente insegura, porque no creí en mis capacidades, porque me perseguía a todas horas la "policía del fraude" (me gusta más este término de Amanda Palmer que el más famoso: "síndrome del impostor"), porque me encerré en mí misma, porque me odié por no ser lo que se esperaba de mí. Y he crecido tanto. He ganado tanto terreno. No, no he conseguido que desaparezcan los días en que me levanto y me parezco la persona más insulsa del mundo, pero ya hay tan pocos de esos. Ya tengo tan claro (casi siempre) que soy buena escribiendo, que soy buena traduciendo, que es lícito amar lo que amo y elegir lo que elijo. 

Ella, indignada.

A finales de 2017, durante ese viaje increíble a Praga y a Helsinki, estuve leyendo a Pessoa. Mi primer encuentro con él se produjo con La Educación del Estoico, y me encandiló cómo se trata de un conjunto de pensamientos inconexos, no especialmente trascendentales, sin orden de ningún tipo. ME ENCONTRÉ A MÍ MISMA EN LA FORMA EN QUE PESSOA COMPARTÍA A MODO DE ESCAPARATE LA MENTE DE SU NARRADOR. Y es que yo soy justo eso: una maraña de ideas, imágenes, recuerdos que se conectan de forma aleatoria
Cuando murió Susi Pop, de las Nancys Rubias, recuerdo que Alaska escribió un post en su blog reflexionando sobre ello, llorando la partida de alguien importante para ella; y decía que el legado y los recuerdos estarían siempre presentes, pero lo que se pierde para siempre cuando alguien desaparece es la forma única en que hilaba y procesaba sus pensamientos.

No sé si todos somos incoherentes, pero yo lo soy. Y es lo único que para mí tiene sentido ser.

De modo que, amigos, voy a apoyar en todo a la Bea de veintiún años que llegó aquí para ser ella misma. Lo has hecho muy bien y estoy orgullosa de ti. Ahora, a mis cerca de treinta, tomo el relevo y sigo contándoos (CONTÁNDOME, porque el destinatario principal soy yo) quién soy, qué me mueve, qué me ata a la vida. De forma muy incoherente

Voy a terminar esta entrada tan cañí con una relación de enlaces a entradas MUY antiguas, pero a las que les tengo muchísimo cariño. Por si a alguien le apetece echar un ojo, por si a mí me entran ganas de recordar quién era, ya que tiene todo el sentido del mundo que haya llegado a ser quien soy:


  • Diez años de D'espairsRay. Celebraba que ese primer grupo japonés que vi en vivo cumpliese una década. Los echo de menos.
  • Indispensable: Rurouni Kenshin. Hablaba del que era, es y será (pase lo que pase) el manga de mi vida. Lo que ha ocurrido recientemente con su autor, Nobuhiro Watsuki (no quiero hablar de ello) choca de frente con todo lo que Kenshin ha supuesto para mí: gran parte de mis valores como persona los heredé de ese manga y no me conozco sin sus enseñanzas; por eso cuesta tanto asimilar que en la misma persona que fue mi maestro haya un compartimento donde esos valores faltan tanto (y tengo muy claro de dónde vienen la pedofilia y pederastia en la sociedad japonesa, ojo).
  • Bakumatsu. Compartía algunas pinceladas sobre ese período de la historia de Japón que me obsesiona.
  • HOME, Salvemos nuestro hogar. Cuando estudiaba la carrera, elegí una asignatura de libre configuración que se llamaba Calidade de Vida. Había tres bloques fundamentales: salud, medio ambiente y sexualidad. Aprendí muchísimo de nutrición, de cuestiones ambientales como la energía nuclear o el cambio climático, del funcionamiento del cuerpo. Todavía tengo ganas de encontrarme algún día con la profesora que la impartía y darle las gracias.
  • El poder de la fantasía (según Víctor Montoya). Ah, esta entrada. SIEMPRE tengo ganas de volver sobre ella, le tengo un cariño inmenso. En este caso, fue otro profesor de la carrera (uno horrible que no daba clase, sólo estaba ahí) el que me hizo llegar un texto de muchísimas páginas que me cautivó y que yo decidí resumir porque me tenía loca.
  • Byakuyakou: una vida en las sombras. Byakuyakou es mi dorama favorito y en esta entrada reflexionaba sobre él tras un revisionado. Hace años que no me lo pongo porque me deja hueca, pero ya va tocando volver.
  • Two years ago... Una entrada en la que rememoraba el concierto de HIM al que fui en 2008, mi primero de ellos. Madre mía, Bea, quién te iba a decir lo que te deparaba 2017. AMOR ETERNO A HIM.
  • Pasión, vocación, don. Una reflexión breve (aún no era tan cargante como ahora) sobre lo que más amo hacer.
  • Soledad. Aquí ya era tan yo que no veo diferencias. La soledad es mi estado preferido.
  • The End. Mi agradecimiento, nudo en la garganta incluido, a la que es una de las dos grandes series de mi vida: Lost. Me ha marcado para siempre.
  • London. Esta entrada me emociona muchísimo porque Londres es, sin duda, la ciudad más importante de mi historia personal. Fue mi primer viaje largo, la primera vez que salía al mundo y toda la responsabilidad comunicativa dependía de mí, la primera vez que me sentía libre. En los últimos años la he vuelto a pisar varias veces y he aprendido que no es, para nada, ideal; pero eso es lo que la hace maravillosa. En ese enlace acababa de volver de más de un mes allí, y leer mis impresiones inmediatas es increíble, ya que es una experiencia que a día de hoy sigo considerando crucial en mi desarrollo y en mi crecimiento; que es la base de todo lo posterior.
A enero de 2018, sigo sin saber estar peinada. La foto es de 2010, claro.

AMIGO/A/E: si me has leído hasta aquí, eres Superman. O te aburres mucho. Tampoco sé por qué he mencionado lo de Superman, me parece que sus gustos lectores van por otro lado.

Lo que quiero decir es que gracias. Aunque he escrito desde lo coloquial, desde lo que seguramente nadie salvo yo llegue a comprender, ésta ha sido una entrada muy personal. Me he desnudado en ella. Y es un regalo que alguien haya querido verme desnuda (no pasa a menudo).

Gracias. House of the Silent es mi compañero de vida y lo es porque lo elijo cada día desde el año 2009. Seguimos adelante.

jueves, 4 de enero de 2018

Feminismo IMPRESCINDIBLE: Grotesque


Qué necesarias son las historias que hacen daño, las que cuesta seguir leyendo porque se nos comen por dentro. Qué importante es que la ficción no nos resulte ajena, que de vez en cuando aparezcan novelas enfurecidas que atacan de frente y sin parpadear.

Leer Grotesque no ha sido sencillo precisamente porque ha dolido, ha tocado y ha enfadado. Porque me ha llevado a la sociedad japonesa y a todo lo que he aprendido de ella a lo largo de los años, pero también a situaciones y convenciones que vivo día a día en mi propio entorno. Y el tono tan tremendamente reivindicativo de la narración (disfrazado de  la amargura, envidia y odio hacia sí mismas de las protagonistas) me ha hecho tener que tomarme muchos descansos de la lectura.

Grotesque es una novela publicada en 2007 por Natsuo Kirino, autora también de obras como Out o Real World. Partiendo de los asesinatos de dos prostitutas que estudiaron en el mismo instituto y a las que sobrevive la hermana de una de ellas, la historia huye del misterio y el thriller y se centra, en cambio, en las respectivas historias de los personajes y lo que les lleva a la prostitución.

La novela está escrita mayormente en forma de las memorias de Hirata, la hermana de una de las prostitutas asesinadas, que reflexiona sobre su vida y su relación con ella y con Kazue Sato, a quien ha matado el mismo asesino dos años más tarde. Así, la narradora nos habla de su familia y su infancia en una comunidad inmigrante en Japón, del instituto de clase alta en el que coincidieron las tres y de cómo asimila años más tarde sus decisiones pasadas. También aparecen cartas, diarios y otros escritos de las dos prostitutas y del presunto asesino, un inmigrante chino apodado Zhang.

El libro, desde la óptica de un personaje cruel y acomplejado como lo es Hirata, protesta abiertamente contra el clasismo de la sociedad japonesa, reflejado de forma especial en el instituto al que asisten de niñas: un grupo organizado de forma radial donde el centro sólo pueden ocuparlo aquellos que han nacido en la riqueza y el poder, mientras que el resto debe luchar con todas sus fuerzas por no formar parte de la parte más externa del círculo. Protesta contra el racismo que todavía se experimenta en Japón hacia los inmigrantes, especialmente cuando estos provienen de países más desfavorecidos económica y socialmente; los llamados haafu (de half: medio japoneses) son una curiosidad que examinar como quien lo hace con un juguete nuevo, pero no dejan de ser una rareza que choca con la uniformidad de la nación: si son lo suficientemente exóticos, se les exhibe; sino, se les desprecia.

Desde que llegamos a tu país, eso es lo que oímos todo el tiempo. Se nos está evaluando todo el tiempo. "Es inteligente" o "es fuerte" o "es astuto" o "es trabajador". Nos evalúan como si fuésemos animales.

La novela habla sobre las mujeres y los roles que adoptan en una sociedad que las valora exclusivamente por su aspecto físico, pero que las desprecia si no tienen nada más que eso. Yuriko es bella (monstruosamente bella, se dice) y todos la quieren cerca de ellos: el profesor que la admite en el instituto pese a que no ha superado la prueba de acceso (porque quiere examinar cómo un mutante se integra en un grupo-especie, dice), el tío y Johnson que la desean sexualmente desde muy pequeña (en una clara referencia a la figura de la lolita), el compañero que ve en ella una fuente de beneficios por la reacción que provoca en los hombres. Sólo no la desea en su entorno su hermana, Hirata (cuyo nombre de pila nunca se nos da), que crece acomplejada por su inferioridad frente a ella en cuanto a belleza; esto también lo vemos en la madre de las dos hermanas, que se hace muy pequeña ante una hija tan deslumbrante físicamente (y tan consciente de ello y de lo que implica: ser un trozo de carne) y queda reducida a una sombra que observa el vacío en la oscuridad.

Foto tomada de https://northwindsjourney.wordpress.com

La familia es retratada en esta novela como un sistema jerárquico en el que no existen lazos afectivos, sino únicamente dependencia y necesidad de aprobación. Las madres de las Hirata y la de Kazue son menospreciadas por sus esposos en un primer lugar, y por la totalidad de la familia como consecuencia; habiendo cumplido su misión de traer hijos al mundo, ya no interesan como seres humanos. La madre de Mitsuru, que al estar soltera trabaja y comienza nuevas relaciones, es demonizada por hacerlo. Los padres son seres egoístas e insensibles: el de Kazue sólo valora a su hija por los méritos académicos que consigue y el de las Hirata es autoritario, pero en cuanto tiene ocasión deja de implicarse en sus vidas. 

-¿Estás bien? -preguntó Mitsuru con aspecto preocupado.
-Estoy bien. Es como si mi madre y yo ya nos hubiéramos despedido hace mucho.
-Te entiendo perfectamente. Yo también siento como si le hubiera dicho adiós a mi madre hace mucho.

Grotesque habla de una sociedad para la cual las mujeres son accesorios con utilidades muy determinadas (sexo, maternidad) y en la que la única manera de triunfar en el ámbito laboral es siendo excepcional y sacrificando todos los otros aspectos de la vida. Japón, para Kirino, no permite a las mujeres abarcar todas las facetas de sí mismas, sino que las obliga a elegir entre explotar su belleza (que se va marchitando con los años) o renunciar al amor y al sexo para convertirse en eslabones eficientes de la cadena de trabajo. Y, cuando alguien intenta ser las dos cosas y decide trabajar y buscar el amor, o el placer, está condenado a ahogarse en su propia fantasía y convertirse en un monstruo cargado de amargura y odio.

La mujer que no se conoce no tiene más opción que vivir con las evaluaciones de los demás. Pero nadie puede adaptarse por completo a la opinión pública. Y ahí está la fuente de su destrucción.

Las mujeres de Kirino son tan horribles que casi parece que los hombres no sean tan malos. Yuriko es demonizada por aceptarse a sí misma (aunque lo haga reduciéndose al estereotipo que le han impuesto) y tanto Hirata como Kazue se alimentan de la envidia hacia toda otra mujer que se les cruce, de la necesidad de hacer daño a quienes tachan de "peores" o "más débiles" porque en el fondo saben que son ellas las que están hundidas hasta la cintura. 

-No me estoy explotando. No más que tú con tu pluriempleo.
-No es lo mismo. Con tu trabajo hieres a aquellos a los que les importas. Perderás su amor. No podrán quererte.
Ese pensamiento era nuevo para mí. Mi cuerpo es mío, ¿por qué iba nadie a pensar que le pertenece? ¿Por qué iba alguien que me quiere a creerse con derecho a controlar mi cuerpo? Si el amor era algo tan restrictivo, sólo podía alegrarme de vivir sin él.

La sociedad nos educa, aún hoy, para compararnos con las demás mujeres, para menospreciarlas en aquello que nos parece inferior y para buscar maneras de sentirnos superiores a ellas. La sociedad nos dice que debemos estar guapas para los hombres, que debemos estar delgadas para los hombres, que debemos ser sumisas a los hombres y saber satisfacerlos. Que los hombres deben ser el centro de nuestro mundo porque para eso somos mujeres.

Podía satisfacer cualquier demanda que me pudiera hacer un hombre. Era una buena mujer.

Lo que tampoco olvida Kirino, y ésta es además su forma de terminar la historia, es advertirnos: advertirnos que en este mundo, diseñado en torno al hombre-Sol y la mujer-planeta-que-orbita-alrededor, cualquier hombre, por más que prometa o incluso desee ser bueno con nosotras, tiene en su interior un potencial agresor y un asesino dormido. Que, en un mundo en el que el homicidio de dos prostitutas no nos lleva a mirar hacia el asesino sino hacia la sórdida vida de las asesinadas, igual hay más lobos de los que parece.
Que, cuando se le inculca a alguien toda su vida que lo puede abarcar todo (éxito, dinero, sexo, amor, familia, aventura) pero las mujeres no, que tiene derecho a satisfacer sus deseos cuando le plazca y a costa de quien sea y que las mujeres sólo tienen valor en tanto en cuanto están a su servicio; pues, ¡coño!, IGUAL CASOS COMO LA MANADA O DIANA QUER NO SON INSÓLITOS. 

El libro tiene sus fallos y hay algunas cosas que no me atrevería a juzgar porque la traducción al inglés es muy rara; rara porque aparecen de repente expresiones que parecen copiadas de una película de los 60 y palabras que suenan de todo menos naturales tanto en las voces narradoras como en los diálogos. Rara también, y no sé si es una cuestión de la traducción o del original, porque las cartas y diarios no están escritos como alguien escribiría en estos formatos, sino que se narran a modo de novela y con todos los elementos y características propias de las novelas. También me chirrió que la narración de las tres mujeres fuera exactamente igual, con enunciados y vocabulario similares, sin una forma de expresarse distintiva para cada una y con procesos mentales (en el caso de Kazue y la hermana sin nombre) muy similares pese a estar inmersas en mundos opuestos. Y, por último, el libro llega a nosotros mutilado y censurado ya que había algunos elementos en el original que se consideraron excesivamente sórdidos (Wikipedia habla en particular de una escena de prostitución infantil). Tampoco es un libro que enganche por su suspense, ya que éste casi no existe y lo que nos mantiene en vilo son las historias personales de cada uno de los personajes. 
Pero que sea capaz de abarcar con tal mordacidad (y sin moralejas baratas) temas tales como el racismo, el machismo, los desórdenes alimenticios, la sexualidad femenina, el incesto, la violencia sexual, la prostitución y las sectas es un triunfo. Pero de calle. 

Y sí, Kirino me ha contagiado bastante su cabreo.

domingo, 31 de diciembre de 2017

Empaquetando 2017, Embarcando en 2018


Los años no hay que olvidarlos ni ensalzarlos. De nada sirve morar eternamente en los recuerdos, pero tampoco es útil para nuestro propio desarrollo eso de "hacer borrón y cuenta nueva". Los errores, los malos ratos, las dudas y los pasos en falso hay que tenerlos presentes para mejorar un poquito cada vez. Aquello que duele y quema nos demuestra que seguimos vivos. 

Cada vez que acaba un año, me gusta escribir un resumen de lo mejor que me ha dado. En el blog, siempre me he centrado en lo mismo: obras de ficción que me llevo, música que se queda en mi día a día y experiencias favoritas. Por primera vez, quiero ser muy breve en lo tocante a la ficción (pese a lo importante que ésta es para mí) y detenerme a reflexionar más sobre la orilla de lo real; 2017 se presta bastante a ello.

Así que vamos por partes:


OBRAS DE FICCIÓN QUE ME LLEVO PARA SIEMPRE


Cine: La La Land (2017), Zootrópolis (2016), Larga es la Noche (1947), Ha Nacido una Estrella (1954), Almas Desnudas (1949), El Tercer Hombre (1949), Exposición de Amor (2008).

Me llevo, principal e irrevocablemente, a James Mason: su voz, su elegancia, su maestría interpretativa y ese sentido del humor que exhibió hasta el final. Me llevo el cine hipnótico de Max Ophüls y de Carol Reed, con esos personajes que habitan la oscuridad pero saben que ésta no existe sin luz. Me llevo a Judy Garland en Ha Nacido una Estrella, con esa cara y esa voz y ese magnetismo que desprendía.
Me llevo el amor infinito al que me transporta La La Land, con esa exaltación de los sueños que para mí es indispensable en la vida; y el humor y mordacidad de Zootrópolis, una película infantil que se disfruta mucho más como adulto.
Me llevo, en fin, una lista muy bonita de títulos que incorporar a mi mochila de revisionados periódicos. 

Series: Black Sails (2014-17), The 100 (2014-), Will (2017), Big Little Lies (2017), Alias Grace (2017), Paquita Salas (2016).

A ver, las dos primeras son trampa porque ya formaban parte de mí antes de 2017, PERO CÓMO ME HAN DADO LA VIDA EN 2017. Black Sails ha finalizado y me siento muy satisfecha; nunca dejaré de amar profundamente a mis personajes y a mis actores. The 100 ha tenido este año una de sus mejores temporadas hasta la fecha y NO ME LLEGA LA SIGUIENTE.
De Will me llevo a Marlowe, uno de los personajes que más me han fascinado en años.
Me llevo Big Little Lies, con su mensaje de sororidad tan bien narrado y ejecutado. Me llevo Alias Grace, con esa Sarah Gadon imposible de olvidar y con la fuerza y desgarro de lo que saqué de ella al final.
Me llevo a "los Javis" (Javier Ambrossi y Javier Calvo) con su Paquita Salas y con lo maravilloso que me dan cada vez que aparecen por la academia de OT; son todo corazón.

Libros y cómics: Cumbres Borrascosas de Emily Brontë, La Semilla del Diablo de Ira Levin, El Hombre Invisible de H.G. Welles, La Memoria del Agua de Emmi Itäranta, Escribir y Borrar de Ada Salas, Las Personas del Verbo de Jaime Gil de Biedma, Station Eleven de Emily St. John Mandel, La Tumba del Tejedor de Seumas O'Kelly, La Educación del Estoico de Fernando Pessoa y Orange de Ichigo Takano; también mi retorno a Saiyuki y su universo, que me han ayudado INFINITO a soportar las peores cosas de este año y a crecerme en ellas.

No me voy a detener en las novelas porque ya he hablado bastante de ellas en entradas anteriores, así que os cuento que ha sido un gran año en cuanto a poesía y, además de Gil de Biedma y Ada Salas (a los que ya amo), me llevo a Alejandra Pizarnik, a Daniel Faria y a varios otros autores que he descubierto pero cuyas obras todavía tengo a medio leer.


MÚSICA Y CONCIERTOS

Todos los años monto un vídeo con mis temas más escuchados de acuerdo con Last.fm, así que os lo dejo aquí directamente:


Lo único que me gustaría añadir es que, pese a todo, el artista del año para mí ha sido Hallatar. La conexión emocional que he experimentado con su música se compara a pocas y ha sido una revelación de carácter espiritual.
Me llevo toda la banda sonora de La La Land, la música eterna de HIM y el maravilloso disco de Counterfeit como las joyas absolutas del año.

En cuanto a conciertos, es difícil expresar lo impresionante que ha sido 2017. Tener delante de mis narices a X Japan es, además de un milagro (dada su historia), un privilegio: el sonido de esos señores en directo es lo mejor que he escuchado nunca y el cariño que les tengo a todos y cada uno de ellos no se mide; verles ha sido un regalo tras tantos años amando la música japonesa y siguiéndolos a ellos por separado. Poder ver a KORN y a The 69 Eyes fue increíble e inesperado y me quedo con la energía de Jonathan Davis y la sensualidad de Jyrki69. El Download Festival, con todos los grupos que me puso delante (mención especial siempre a Apocalyptica; pero excelsos Mastodon, System of a Down, Gojira, 5 Finger Death Punch, Opeth...), fue una pasada a pesar de suceder entre trabajo y oposiciones, con sus consiguientes viajes de un lado a otro de mi querida Comunidad de Madrid y con la falta de horas de sueño pertinente; NO ME ARREPIENTO DE NADA. Estar a dos metros de Tom Dickins escuchándole cantar, aunque no fuera en sí un concierto ni interpretara su propia música, es algo que no esperaba y que me ha resultado casi tan insólito como lo de X Japan; me llevo de por vida su luz, su sonrisa y su voz que me abrazaba las costillas al meterse entre ellas. Tener a HIM, mi grupo favorito, dos veces delante de mis narices después de haberles visto sólo en una ocasión hace casi diez años ha sido increíble y triste y maravilloso; me he hartado de cantar, bailar, llorar, sonreír. Me llevo mi primer Raskasta Joulua, que ojalá inicie escuela porque me encantaría poder asistir a muchos otros y sentir que de verdad es Navidad frente a mis personas favoritas de Finlandia.

La música es uno de los grandes motores de mi vida y me sigue demostrando siempre que vale la pena no dormir, no comer y soportar las migrañas posteriores por ella. Siempre da millones de veces más lo que quita. GRACIAS.


VIAJES, LUGARES, VIDA


De 2017 me llevo, por y para siempre, Praga. En Praga (donde estuve en mayo y en diciembre) probé los trdelník, escribí poesía en un muro, me quedé embobada contemplando desde las alturas el Puente de Carlos y paseé -un violín por banda sonora- por algunas de las zonas más verdes de la isla de Kampa. Atravesé la calle más estrecha del mundo, me morí delante de la catedral gótica más preciosa que he visto en la vida y aprendí a decir prozím y dekuji y a contar en coronas checas. Comí en la taberna que frecuentaba Mozart cuando vivía en esa ciudad que es arte pasado y presente, y escribí más poesía que en los últimos diez años juntos. Praga es una fuente de inspiración que no había esperado porque está viva mucho más allá de la apariencia primera de imán para el turismo de saco-foto-y-me-voy; porque tiene identidad propia, porque se valora y se muestra en su exhuberancia desnuda de pretensiones, porque está rodeada de naturaleza y de arquitectura y de cementerios y de agujas.

De 2017 me llevo el lujo que es haber pisado Finlandia en su centésimo aniversario. Cuando puse mis pies en el país que más anhelaba conocer el año pasado, supe que debía regresar. Una y otra vez. Que ya no era sólo ese sueño futuro que sigo teniendo de llegar a construir o comprar mi propia casa de madera para veranear junto a un lago y a sus mosquitos, sino que iba a ser vital volver allí con frecuencia siempre, a poder ser todos los años, para encontrarme a mí misma como sólo puedo hacerlo en un lugar que me comprende así. Me llevo, decía antes, el Raskasta Joulua y la Navidad discreta y cálida de Helsinki, la Plaza del Senado blanca de nieve, el cementerio de Hietaniemi lleno de velas encendidas y farolillos y banderas el día del centenario; me llevo el café Regatta y su chocolate, las casitas de Puu-Vallila y mi rincón favorito de Töölö: esa parte del lago que está pegada al Jardín de Invierno desde la que se ven los tejados más importantes de la ciudad (Catedral Luterana, iglesia de San Juan, Museo de Finlandia, Estación de Tren...) por detrás de la maravillosa Villa Kivi. Me llevo mi kiitti, al señor que nos dio una charla finlandesa y surrealista en la parada de tranvía aquella noche, y la alegría de haber compartido tiempo allí con dos grandes amigos. Me llevo el piso de Sami, con su sauna y todas las cosas turbias que aparecían en los armarios; me llevo siempre la comida deliciosa de Carelia, los Moomins en cada esquina, los paseos por Esplanadi, una nueva velada sin Jussi en The Riff y los almacenes rojos de Porvoo.

Me llevo Escocia como no la conocía hasta ahora: con los paisajes naturales más espectaculares que he visto, con sus débiles cascadas en rincones inesperados, sus montañas de un verde resplandeciente y esos lagos en calma. Me llevo Eilean Donan, la isla PRECIOSA de Skye (qué bien nos lo pasamos en esa casa-caravana junto al mar), las Three Sisters con su glaciar tapado por la niebla, las ovejas y vacas que no dejaban avanzar y la falta de alimentos de Elgol.
Me llevo Inglaterra, que es siempre un placer; con su Londres apurado y maravilloso, con su Salisbury y ese campanario al que nos subimos con el guía más simpático del país; con lo extraño que es otear lugares como Stonehenge con tus propios ojos y lo gratificante que es poder decir: "Yo he visto las piedras". Me llevo mi bosque, mi Sherwood Forest, al que había soñado siempre con peregrinar y en el que estuve con motivo del Robin Hood Festival (no podría haber encontrado ocasión mejor); a él regresaré siempre en mis sueños y ojalá muchas más veces de forma física, y en él volveré a reír y a emocionarme y a pasear y perderme por las zonas que nadie visita.

Me llevo el norte de Portugal, ya que la vida me ha permitido visitarlo y pasearlo. Me llevo, de forma especial, Oporto; no me conquistó a la misma velocidad que lo hiciera Lisboa en 2016, pero me fascinó una vez que descubrí su forma particular de belleza. Me llevo sus librerías de segunda mano, aquel café en una casita con patio trasero, la comida siempre satisfactoria del país vecino y mis chapurreos ridículos en su lengua. Me llevo la visita a Lello e Irmão, la preciosidad que es tener delante la Torre dos Clérigos y aquella tienda de conservas que parecía un cuento de hadas. Me llevo el miedo que nos daba cruzar el puente de Eiffel y lo bien que lo hicimos; la fachada del Majestic, donde al final no entré pero adonde seguro que vuelvo.

Me llevo San Martín de Valdeiglesias y la Comunidad de Madrid. La vida me ha devuelto este curso a Galicia y no tengo ni idea de si será de forma permanente o si cualquiera de estos cursos regresaré al lugar que ha sido mi casa durante cuatro años; lo que está claro es que ya no sé estar allí sin sentir que una parte de mí siempre será de sus calles, de su gente, de esa identidad abierta y desapegada que lo hace tan único.
San Martín no me lo puso fácil durante la primera mitad de 2017. Me llevó a lugares donde pensaba que no iba a estar después de unos cuantos años de trabajo y me hizo extrapolar problemas específicos de aquel lugar a la profesión en sí; problemas que me sigo planteando y que seguiré teniendo que abordar en el futuro. Me hizo recordar todas las cosas que no me gustan del trabajo como docente y que NADA tienen que ver con el aula y el alumnado; aquello que está evolucionando, a mi parecer, a peor y que ensucia nuestra profesión. 2017 ha sido un año de dudas, de pensar muy en serio si seguir o no por este camino; a día de hoy, debido a las circunstancias de mi contrato actual, es algo que está en pausa pero no resuelto.
Lo bonito de ello es que trabajé muchísimo en San Martín, que me puse a prueba en muchas ocasiones y aprendí a gestionar situaciones en las que no sabía moverme. Aprendí a sacarles hierro a las conductas ajenas y a las mías propias, a pisar un poco más fuerte mi territorio y a saber cuándo es mejor asentir con la cabeza y después hacer lo que me dé la gana.

Me llevo Galicia y la forma en que la estoy redescubriendo desde que empecé a vivir en Mondoñedo; la Mariña Lucense, que es el lugar más bonito de España, y todas las cosas buenas (y malas) que tiene la gente de aquí. La tranquilidad con la que he regresado y el nivel de paz al que sé que he llegado cuando me doy cuenta de que puedo ser feliz en cualquier sitio, independientemente de las posibilidades de ocio que ofrezca.

Me llevo el haberme sacado de encima pesos sociales; el haber aprendido a decir NO cuando se trata de compromisos absurdos, el estar priorizando(me) e ignorando las opiniones que puedan manifestar  (y que, de hecho, manifiestan) los de alrededor, el haber dado puerta a algunas personas que me estaban envenenando y no me aportaban nada positivo, que sólo estaban cuando les convenía.

Me llevo a mí, más pulida y más auténtica cada vez; más tranquila conmigo misma, más tranquila con el mundo en sus cosas buenas y malas porque sé que el cariño es la clave. 


PROPÓSITOS PARA 2018

1. Hacer ejercicio. Pero YA. De forma rutinaria. Este curso tengo tiempo porque trabajo pocas horas y debo aprovecharlo para mejorar(me). Siempre hago algo, pero necesito un horario fijo que cumplir. Seguramente me marcaré una horita por las mañanas antes de ir al colegio, ya que al final aprovecho poco ese tiempo.

2. Organizarme, en general. Soy un desastre: me marco horarios que no cumplo, cambio de actividad todo el tiempo porque mi mente se va por ahí de paseo, rompo mis propias promesas... Esto me viene fatal para estudiar (y para casi cualquier cosa que quiera hacer) y no me interesa. Siempre es bueno que haya momentos de ruptura de la rutina, pero para que eso se valore positivamente debe existir dicha rutina.
Me he hecho una pequeña lista de cosas para las que quiero sacar tiempo y estoy trabajando en la jerarquía: algunas deben quedar en espera porque no son prioritarias y otras necesitan mucho más tiempo. Os enseño algunas:

-LEER
-ESCRIBIR
-(APRENDER A) TOCAR EL BAJO
-ESTUDIAR
-APRENDER FINÉS
-VER PELÍCULAS Y SERIES
-REALIZAR VIAJES Y EXCURSIONES
-HACER EJERCICIO
-ELABORAR MATERIALES PARA MIS UNIDADES DIDÁCTICAS
-GRABAR ALGÚN QUE OTRO VÍDEO PARA YOUTUBE
-SEGUIR PUBLICANDO EN EL BLOG A MENUDO (no me voy a marcar una periodicidad fija)
-COCINAR

3. Seguir encaminando mi estilo de vida hacia la sostenibilidad. En los últimos años, he mejorado mi alimentación y he adoptado hábitos de cara al consumo responsable. Eso sí, me queda MUCHO camino por recorrer. Quiero reducir mis posesiones materiales (me agobian), pasarme a la copa menstrual (ya me la he comprado y todo), utilizar cada vez menos bolsas de plástico y consumir alimentos de casa y lo menos tratados posible. En realidad, hay muchas pequeñas acciones que quiero poner en práctica pero sé que debo ir paso a paso. Una gran inspiración está siendo la web de Sandra: http://minimalistlife.es

4. En la misma línea de organización y minimalismo, quiero dejar la multitarea (o, al menos, reducirla). Finlandia también me está enseñando que es mejor concentrarse en una cosa cada vez, en lugar de dividir la atención; no creo que consiga llegar al nivel de simplicidad finlandés, pero al menos voy a trabajar por acercarme un poquito. Este año he participado en muchos proyectos con el blog y redes sociales (el último, #VisibilizaciónEnLaLiteratura); los he disfrutado mucho, pero creo que toca calmarse un poco.

5. Como siempre, seguir viajando; escaparme sola, escuchar idiomas ajenos, aprender palabras, aprender convenciones que no son las mías. Tengo TRES proyectos de viaje para 2018 (uno es muy breve y aquí al lado, pero tengo muchas ganas de volver a ese sitio) y espero que salgan adelante. El segundo es bastante ambicioso y puede que se quede en menos, pero el mero hecho de tenerlo en modo boceto me tiene muy ilusionada.
Viajar te cambia, te mejora siempre y te hace más flexible y abierto. Amplía muchísimo tus perspectivas, te hace relativizar tus propias ideas y te ayuda (al menos, a mí) a tener actitudes más positivas hacia el mundo y hacia cosas que te costaba asimilar.

6. Seguir leyendo mucha poesía (2017 ha sido genial), seguir incluyendo el gallego en mis lecturas y leer a más mujeres. En realidad, tengo muchos libros en casa que aún no he leído y llevan años pendientes y me gustaría reducir esa lista en vez de seguir aumentándola todo el tiempo.

7. Escribir más. Lo de siempre, y espero que si mejoro mi organización esto se sume solo.

8. Meditar. Empecé hace unos años con la meditación y el breathwork y no he seguido. Creo que me va a venir bien retomarlos de cara a la gestión del estrés, que siempre está presente en mi vida.

9. Revisar esta lista de vez en cuando, pero con calma. La vida no se puede planear. Los propósitos deben ser una guía para recordarnos lo que es importante para nosotros, pero en ningún caso nos debe amargar o agobiar alcanzarlos. Los objetivos dejan de ser algo bueno cuando sólo nos importa llegar a la meta.


Si alguien ha aguantado una mínima parte de toda esta chapa: GRACIAS; a mí se me ha hecho infernal releerla para editar (y debería hacerlo de nuevo, pero me da toda la pereza). 


Quiero desearos un 2018 lleno de tranquilidad. Para mí, ésa es la verdadera fuente de la felicidad: cuando estamos tranquilos con nosotros mismos y con quien somos, todo mejora; incluso cuando el mundo nos parece una locura y sabemos que hay mil cosas que arreglar. El cambio empieza en y desde uno mismo. 

¡Feliz 2018!