domingo, 18 de junio de 2017

Scars wide open

domingo, 18 de junio de 2017

El 28 de mayo, abandonando El Buen Retiro y la Feria del Libro junto a mi amiga y tocaya Bea, hablábamos de los profesores de Música que nos había tocado "sufrir" en el colegio. Mientras que su experiencia era completamente negativa, yo rompía una lanza a favor de la monja que, creíamos, lanzaba todos los exámenes y ponía el aprobado a los que caían con las letras hacia arriba. Aunque esta señora tenía muchos fallos, yo reconocía haber sacado mucho más de sus clases que personas de mi mismo año de las suyas; y es que a día de hoy reconozco muchísimas piezas clásicas porque hacíamos audiciones, soy capaz de leer una partitura básica y puedo sacar canciones con la flauta. Nada especial, pero la mayoría de personas con las que me cruzo no tienen ni idea y han dado Música tantos años como lo he hecho yo.
En algún punto de esta conversación, me acordé de uno de los últimos trabajos que tuvimos que hacer, en 4º de la E.S.O., para su asignatura: escribir sobre nuestro grupo favorito. Y, aunque también estoy convencida de haber incluido páginas sobre L'Arc~en~Ciel, la imagen de portada de mi trabajo era un retrato semi-calcado de Ville Valo (me sentía tremendamente orgullosa de ese dibujo) y el grueso del mismo, un tratado de mi amor por HIM. Tenía quince años, y nada en la vida podía hacerme más ilusión que escribir sobre los artistas a los que amaba.

2008 es uno de los años que recuerdo con más cariño porque, como si de magia se tratara, mis dos grupos favoritos acudieron a mi encuentro. Primero fue HIM, en marzo, y por ellos tomé mi primer avión e hice cola por primera vez junto al Manzanares; en mayo llegaron París y L'Arc~en~Ciel, y lo irrealizable se tornó en hecho.

Cuando escribía, varios meses atrás, acerca de Los conciertos de mi vida (a este paso, pronto tocará redactar una segunda parte), Renaissance me comentaba que le sorprendía la carga emotiva que atribuía a estas experiencias de música en directo. Y sí, ¡sí!, ¡rotundamente sí! Para mí, los conciertos son una experiencia emocional, espiritual y mágica que me eleva como pocas otras. No concibo la vida sin música, y la música que realmente me gusta lo hace porque me toca, porque me abraza el corazón, porque me libera. 


Ver a HIM en 2008 fue un sueño cumplido, fue una revelación, fue un guiño de la vida para recordarme que siempre, siempre, siempre vale la pena estar aquí. El pasado noviembre, mientras escribía la entrada que ya he mencionado, no tenía ni idea de que HIM estaba a punto de anunciar su vuelta a Madrid, ¡tras nueve años! Y, en cuanto se produjo la noticia, corrí a hacerme con mis dos entradas: una para mí y la otra para mi hermana, Alba, a la que de niña no permití vivir sin escuchar las guitarras de Linde a diario, sin ver una y otra vez el videoclip de The Funeral of Hearts, que empapelaba la pared del cuarto que compartíamos en forma de capturas de pantalla.
Ignoraba también, ¡tonta!, que poco más tarde explicarían que este regreso no era sino una forma de despedirse de su fiel público, ya que HIM había completado el círculo y no creían poder exprimirle más a su love metal. Que este segundo encuentro, hace tres días, quizá sería el último; y escribo esta entrada llorando mientras suena Love's Requiem, así que perdonad si los sentimientos se me escapan con eco, pero soy gallega hasta las trancas y siento con la intensidad del oleaje de invierno.

Haber tenido la suerte de ver a mi grupo favorito dos veces es, sin duda, más de lo que podría haber esperado cuando hice aquel dibujo con quince años. Bueno, no: lo cierto es que esperaba que para esta edad ya estaría casada con Valo, pero vaya, que lo que he recibido en su lugar tampoco está nada mal. HIM ha contribuido a convertirme en lo que soy en una medida enorme, extrema: por ellos descubrí Finlandia, y los que me hayáis leído antes sabréis que ese pequeño país tan funcional y orgulloso de su naturaleza es un lugar que siento como mi hogar y al que sueño poder volver una y otra vez; por ellos empecé a leer a Baudelaire, y Baudelaire es la voz poética que no tengo y la prosa que a veces se me torna verso. HIM es años y años de música, de una voz que es la voz misma de mis sueños, de lírica pura que me ha inspirado e inspira e inspirará hasta la muerte. HIM es yo, y no me conozco sin HIM; todo lo que soy, todo lo que hago, todo lo que amo, se lo debo en gran parte a ellos. Sí, escribía antes de HIM. Sí, amaba aprender idiomas antes de HIM. Sí, era una escapista antes de HIM. Pero, de no haber sido por ellos, no sé hasta qué punto todas esas potencialidades se habrían desarrollado como lo han hecho, no sé si me habría enamorado de las voces graves y de la lengua finesa, no sé si habría llegado a pisar alguna vez Helsinki, no sé si habría dado todo lo que llevo en las entrañas la noche antes de unas oposiciones en un concierto de KISS.

No existo sin los artistas que me han marcado. No soy yo. No existo sin HIM. Y su música, su The Sacrament que me sacó la venda aquel día, su versión perfecta de (Don't Fear) The Reaper, su simbología sin final y esa forma en que el amor y la muerte están condenados a abrazarse; todo eso soy yo. 


HIM, veros de nuevo, después de casi una década, ha sido un privilegio. Valo, cantas como nunca y estoy orgullosísima de cuanto estás haciendo, dentro y fuera del grupo; tu sensibilidad como artista es una de mis mayores fuentes de inspiración, y soy completamente tuya. Migé, Lily, Burton: sois unos músicos excepcionales y os querré toda mi vida. Gas, no he tenido la suerte de verte en una segunda ocasión, pero entre nosotros no existe el olvido.
Gracias por toda una vida de love metal. Gracias por Finlandia. Gracias por los versos. Gracias por The Sacrament, The Funeral of Hearts, In Joy and Sorrow, ¡Gone with the Sin!, Rebel Yell (me volví completamente loca), Wicked Game, Buried Alive by Love, Your Sweet 666, Resurrection, ¡Stigmata Diaboli!, It's All Tears, Heartkiller, Bleed Well, Wings of a Butterfly, Pretending, Killing Loneliness, ¡Right Here in My Arms (en su día la escuché de fondo en el vídeo de una entrevista y me obsesioné; tardé horrores en ponerle título)!, Join Me in Death... Gracias, en especial, por una de las canciones que más me han enamorado nunca: When Love and Death Embrace; gracias porque no pensé que la llegaría a escuchar en directo, y cuando empezó a sonar me temblaron las rodillas. Gracias por 2008. Gracias por 2017. Gracias por toda una vida.

Hay algo que siempre he sabido y a lo que no le había puesto nombre hasta que vosotros me lo explicasteis: Song or Suicide. Eso es lo que soy. Eso es lo que somos. 

No lloré durante el concierto y no he podido dejar de hacerlo desde entonces. No pierdo la esperanza de que ésta no haya sido la última vez. Mientras tanto, por favor, regaladme los oídos (y los ojos, ¡guapos!) con vuestras nuevas ideas. Para vosotros, queridos, estoy completamente abierta. Hoy y siempre. 

2 comentarios:

Renaissance dijo...

De nuevo me quedo asombrada con las emociones que son capaces de despertarte un concierto y la experiencia de poder ver un grupo en directo. Es algo especial no solo el apreciarlo, sino como lo transmites .

Kaoru dijo...

Muchas gracias.

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